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La puerta del infierno - Foto: Especial

El camino de la vida: Auschwitz

Este 27 de enero de 2020 se cumplieron 75 años de la liberación del campo de exterminio nazi ubicado en Auschwitz, lo que es considerado como una muestra de las puertas del infierno más dantesco

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 270

Publicado: 30/01/20 07:17

 

Este lunes 27 de enero se conmemoró la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz por el Ejército Rojo que, tras las rejas de éste encontró las puertas de un infierno más que dantesco.

El poeta español, transterrado a México, León Felipe dedicó un sentido poema al campo de exterminio de Auschwitz, cuyo titulo es Auschwitz: “Estos poetas infernales,/ Dante, Blake, Rimbaud/ que hablen más bajo…/que toquen más bajo…/¡que se callen!/ Hoy/ cualquier habitante de la tierra/ sabe mucho más del infierno/ que esos tres poetas juntos./ Ya sé que Dante toca muy bien el violín…/ ¡Oh, el gran virtuoso!/ pero que no pretenda ahora, con sus tercetos maravillosos/ y sus endecasílabos perfectos/ asustar a ese niño judío/ que está ahí, desgajado de sus padres…/ Y solo./ ¡Solo!/ aguardando su turno/ en los hornos crematorios de Auschwitz./ Dante… tú bajaste a los infiernos/ con Virgilio de la mano/ (Virgilio, ‘gran cicerone)/ y aquello vuestro de la Divina Comedia/ fue una aventura divertida/ de música y turismo./ Esto es otra cosa… otra cosa…/ ¿Cómo te explicaré?/ ¡si no tienes imaginación!/ tú… no tienes imaginación./ Acuérdate que en tu ‘infierno’/ no hay un niño siquiera…/ y ese que ves ahí…/ está solo/ ¡solo! sin cicerone…/ esperando que se abran las puertas de un infierno que tú, ¡pobre florentino!,/ no pudiste siquiera imaginar./ Esto es otra cosa… ¿Cómo te diré?/ ¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín./ Aquí se rompen las cuerdas de todos los violines del mundo./ ¿Me habéis entendido poetas infernales?/ Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud… ¡Hablad más bajo!/ ¡tocad más bajo! ¡chist!/ ¡¡Callaos!!/ Yo también soy un gran violinista…/ y he tocado en el infierno muchas veces…/ pero ahora, aquí…/ rompo mi violín… y me callo.”

Corría el año de 1972 y siendo yo estudiante de secundaria cursaba mis estudios en la entonces Escuela Secundaria No. 101, a la postre llamada Alexander von Humboldt; el maestro que nos impartía la clase de historia, Arturo Vázquez Rangel fue quien nos acercó al estudio y al conocimiento de las luchas de liberación, entre éstas las épicas batallas del Ejército Rojo y los “Aliados” para la liberación de Europa, durante la segunda guerra mundial. Recuerdo aún claramente, cómo decidí participar en un concurso de oratoria y uno de declamación; el primero, hablando sobre los movimientos de liberación y, el segundo, con un poema del poeta Pablo Neruda intitulado los Abogados de Dólar. Recuerdo también cómo el maestro que nos impartía la materia de biología, Amado Graciano Mirando Carmona me preparó para dichos concursos (además de habernos hecho leer el libro El Origen de la Vida de A. I. Oparin). Recuerdo también, que en ambos concursos saqué el segundo lugar y, como premio, me regalaron dos textos que aún conservo en mi memoria: Los Hornos de Hitler, de Olga Lengyel, Editorial Diana y, no puedo olvidar este título, ni su contenido, Sea Usted su Propio Psiquiatra, de Frank S. Caprio, Ediciones Herrero (quizás influyó un poco para mi elección de profesión).

El primero de estos libros presenta una crónica vívida de los campos de exterminio que erigió como herramientas del Nacionalsocialismo hitleriano Adolf Eichmann; esta crónica, narrada en primera persona por una sobreviviente de éstos, en realidad la única superviviente de su familia, dice que lo hizo para mantener viva la memoria de los hombres, mujeres y niños que fueron exterminados en los hornos crematorios y cámaras de gas.

Posteriormente, llegó a mis manos un pequeño libro, muy popularmente conocido como el Diario de Ana Frank, texto en el que la autora narra, también en primera persona, todo su proceso de escondite y detención, por delación, junto con aquellos que habían sobrevivido ocultos.

Hacia el año de 1983, conocí un trabajo del psiquiatra y psicoanalista Bruno Bettelheim quien paso un año de su vida en los campos de concentración de Dachau y Buchenwald, campos de concentración erigidos por el Nacionalsocialismo. Éste, además de haber elaborado una teoría sobre los orígenes del autismo, en un libro casi autobiográfico intitulado Sobrevivir, el holocausto una generación después, editorial Grijalbo, colección Critica, (como también hizo el psiquiatra Viktor E. Frankl, quien sobrevivió desde 1942 a 1945 en varios campos de concentración nazi, entre ellos Auschwitz y Dachau, en su libro El Hombre en Busca de Sentido, editorial Herder), describe también en primera persona, el impacto psicológico y moral que la vida en los campos de concentración y exterminio significó, tanto para los asesinados como para los sobrevivientes.

Debo recordar también aquí al psiquiatra italiano Franco Basaglia quien, también por delación, fue arrestado en Italia, en el año 1944 y liberado hasta que finalizó la guerra.

Estos testimonios muestran, de una manera vívida, desgarradora y dramática, pero más que ello esperanzadora, del sentido que adquiere la vida cuando la promesa que queda es la destrucción de nuestra propia humanidad.

Muy recientemente he conocido el libro Los Niños de Asperger, el exterminador nazi detrás del reconocido pediatra, escrito por Edith Sheffer y publicado por editorial Planeta, en el cual describe de manera sintética el papel que la medicina, la psiquiatría infantil, la educación especial y “la educación curativa” jugaron en la determinación del destino que les deparaba a los menores que consideraban anormales, retardados, discapacitados, impuros, judíos, gitanos, etcétera y su término en los campo de exterminio.

Vayan estas breves notas como un homenaje modesto a quienes sobrevivieron a dicho infierno, pero sobremanera a quienes perecieron en este mismo y, vayan también estas sugerencias bibliográficas para quienes quieran mantener viva en la memoria todas las variedades de ideologías nazi, fascista, falangista, sionistas o racistas que amenazan nuestra propia humanidad y que no podemos permitir su pervivencia.