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El cineasta Óscar Menéndez, en imagen de archivo - Foto: Especial

El camino de la vida: Óscar Menéndez

Escribe el autor el presente texto como un homenaje necesario al cineasta y activista Óscar Menéndez Zavala, quien cumplió 87 años este 14 de enero de 2021

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 117

Publicado: 15/01/21 05:39

 

Al Camarada Óscar Menéndez Zavala

 

I

 

Cuando tomé la decisión de nombrar El Camino de la vida a la serie de colaboraciones con las cuales trataría de aportar algunas ideas, pensamientos, sentimientos o reflexiones sobre ciertos segmentos de la realidad, en Masiosare, lo hice tratando de reconocer a unos de los grandes maestros del cine mundial, el Sensei Akira Kurosawa (1910-1998).

No tengo duda alguna de que este genio de la cinematografía universal, con su producción logró, además de imprimir y mostrar belleza, sensibilidad, amplia cultura universal y sobre Japón, provocar en quienes hemos sido asiduos seguidores de su amplia trayectoria, un sentimiento de sosiego e inspiración.

Su obra, llena de imágenes, tramas, personajes e historia, posee una narrativa que nos muestra los grandes dilemas de la existencia humana.

De su extensa y profunda creación hube elegido una película llena de personajes fugaces, miserables, alienados, excluidos de la trama de una existencia humana deseable y admisible, Dodes’ka-Den (1970). La traducción que se hizo para identificarla en castellano fue El camino de la vida. Se trata de una película, como se sabe, basada en la novela Ciudad sin estaciones, de Shungoro Yamamoto, en la cual se narra una serie de historias de un conjunto de personajes que, mediante su imaginación y fantasías, tratan de trascender los problemas de la miseria, alcoholismo y degradación humana, en la periferia de una ciudad importante de Japón.

Quizás debido al impacto que sobre mí tuvo la amplia y maravillosa obra de Kurosawa, al tratar de elegir el nombre para esta columna, impedido de utilizar los títulos de grandes personajes o tramas como las de Derzú Uzalá, Barba Roja o Los Siete Samurais, entre muchos más, sólo atiné a considerar El camino de la Vida.

 

II

 

Debo expresar que no únicamente Akira Kurosawa, ha impactado sobremanera mi modo de pensar, reflexionar y gozar el mundo, la vida y el Séptimo Arte.

Debo incluir un conjunto de personajes que han sido y seguirán siendo enormes representantes de esta expresión cultural, estética y artística; Charles Chaplin, Stanley Kubrick, Ingmar Bergman, Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci, Luchino Visconti, Orson Welles, Jean Renoir, Federico Fellini, François Truffaut, Roman Polanski, Francis Ford Coppola, Woody Allen, Luis Buñuel, David Linch, Pedro Almodóvar, Lars Von Trier, Quentin Tarantino, entre muchos más que omito y que no puedo dubitar, han creado una enorme obra inconmensurable y, dirán algunos, riqueza intangible, para el goce de quienes aprecian este campo artístico.

No puedo omitir aquí, entre esta pléyade de Directores de cine al cineasta alemán Werner Herzog (1942-); y lo dejé aparte, aunque debió ser incluido en la larga lista que un párrafo antes enuncié, porque además de su enorme obra representativa de grandes personajes de la pantalla, fue quien me acercó de un modo imperceptible e instantáneo al reconocimiento de la relevancia de los documentales como herramienta estética al servicio de la reflexión sobre diversos e importantes problemas que como sociedad debiéramos afrontar.

Además de sus largometrajes El enigma de Kaspara Hausser o, Y los Enanos También Comenzaron Desde Pequeños, sus documentales El País del Silencio y la Oscuridad, El Futuro Discapacitado, Fata Morgana, Grizzli Man, La Balada del Pequeño Soldado, La Cueva de los Sueños Olvidados, entre otros más, han ocupado un espacio sumamente importante en mi práctica docente a lo largo de más de tres decenios.

Fue el Psicólogo francés René Zazzó (1910-1995), quien a través de un trabajo dedicado a la importancia del cine como herramienta didáctica y pedagógica, me aportó los elementos conceptuales para organizar la labor educativa sirviéndome de los documentales y las grande películas para elicitar la reflexión, el análisis y la discusión; empero, quizás antes, en la entonces Facultad de Psicología de la UNAM, “Antonio”, quien desde la Facultad de Filosofía y Letras impulsaba el Cine Club Filosofía y luego el Cine Club Psicología (y el hoy Dr. Omar Torreblanca Navarro, compañero de grupo) inoculó mi inquietud por la importancia del cine y el documentalismo.

 

III

 

Con estos antecedentes pude acercarme a otro grupo de cineastas que fueron considerados desde entonces como representantes conspicuos de lo que para algunos fue el Cine Político o de Denuncia.

Y debo comenzar aquí con Serguéi Eisenstein (1898-1948).

Y ¿Quién no recuerda la inolvidable escena de la represión del pueblo en las escalinatas de una ciudad portuaria y la carriola con un bebé rodando por éstas, en El Acorazado Potemkin (1925)?

Del mismo director puedo referir Octubre, La Huelga, y ¡Que Viva México!

También recuerdo que hubo quienes colocaron en esta vertiente la obra Los Olvidados de Luis Buñuel (1900-1983); ¿Quién no recuerda plenamente la forma de ser y de vida del “Jaibo”? ¿Quién no reconoce que tales formas de existencia existen en México desde la primera mitad del siglo XX?

Fue hacia la década de los años 70’s del siglo pasado cuando comenzamos en nuestra región latinoamericana a debatir el papel que el arte, la música, la poesía, la novela, el cuento y el cine debieran jugar en los procesos de transformación de las condiciones materiales de existencia de nuestras sociedades.

Claro que antes los grandes muralistas mexicanos (Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo) habían colocado sobre la mesa de la discusión el papel del arte y la pintura en esta trama.

Años después, la llamada Época de Oro del Cine Mexicano (entre los años de 1936 y 1956) descolló con grandes obras cinematográficas que representaron magistralmente las formas de vida que nuestro México vivía.

Luis Buñuel, Emilio "el Indio" Fernández, Fernando de Fuentes, Juan Bustillo, Ismael Rodríguez o Roberto Gavaldón son referentes claros de este periodo. Allá en el Rancho Grande, Simitrio, Él, Ensayo de un Crimen, Las tres Perfectas Casadas, El Rebozo de Soledad, Santa, La Mujer del Puerto, La Perla, Los Olvidados, María Candelaria, Amor Indio (Tizoc), entre muchas otras más fueron claro ejemplo del cine mexicano.

Sin embargo, debido al poder monopólico de Televisa, el cine se tornó en algo inútil y torpe.

Repito, fue hasta la década siete del siglo pasado que se pudo recuperar otra visión del cine.

Quizás una enorme obra de este género destelló solitaria por el firmamento cinematográfico, me refiero aquí a La Sal de la Tierra (1954), de Herber J. Biberman, película independiente estadounidense dedicada a una huelga minera que realmente aconteció. Siguiendo aquí a Oscar Menéndez, podría considerar que se acerca demasiado a un documental.

Fue una película filmada con un grupo de “actores” no profesionales y con la participación de Rosaura Revueltas.

A partir de aquí Gillo Pontecorvo (La Batalla de Argel, 1966), Bernardo Bertolucci (Novecento, 1976), Costa-Gavras (Z, 1969; Estado de Sitio, 1973; Desaparecido, 1982), Moustapha Akkad (El León del Desierto, Omar Mukhtar, 1980), Bruno Barreto (Cuatro Días de Septiembre, 1997), Sergéi Bondarchuck (Campanas Rojas, 1982), entre otras más, pasaron a ser parte del repertorio de lo que se nominó “Cine Político”, aunque justo es decirlo, todo el cine tiene una función política e ideológica.

Sin embargo, como podremos darnos cuenta, una vez escritos los tres apartados que recién hemos leído, la presencia del documental es marginal, por no decir, prácticamente inexistente. Salvo los trabajos que hube referido de Werner Herzog y algunas películas, como La Sal de la Tierra, que pudieran acercarse al documental, parece desierto en el campo del cine.

Es aquí donde considero trascendente e importante, así como inocultable, el trabajo, envuelto en la trama de la vorágine de la persecución política y policiaca del Camarada Óscar Menéndez Zavala.

 

IV

 

Ayer, día 14 de enero del 2021, Óscar Menéndez Zavala (1934) cumplió la edad nada menos fácil de decir, ochenta y siete años.

A lo largo de su vida como cineasta, pero aún más, como documentalista, montado sobre un corcel que galopa o trota sobre los eventos políticos y sociales que han marcado significativamente la historia de México y de Morelos, ha sido quien nos deja una imborrable historia sobre nuestra vida nacional.

Desde Todos Somos Hermanos; México Bárbaro; Dos de Octubre, Aquí México, con guión de José Revueltas; Historia de un Documento, Los Presos Políticos del 68 en la Cárcel de Lecumberri (1970), filmado clandestinamente; 10 de Junio Crimen de Estado; hasta La Batalla de Tepoztlán; La Batalla del Casino de la Selva; Los Más Pequeños; Marco, Marcos; pasando por Malcol Lwry en México; Libertad de Expresión, Adolfo Mexiac; Rubén Jaramillo; Los Años difíciles 1968-1971, Heberto Castillo; Sáname con tu Poder, sobre prácticas médicas entre los Mixes de Oaxaca; La China de Mao, etcétera.

Documentar esta serie de sucesos le han significado persecución política y policiaca, encarcelamientos, censura y exilio que, por lo demás, han fortalecido su compromiso ideológico y político con las causas más justa y nobles tanto de nuestra nación como de otros países.

Si su trabajo y obra aportada se redujera lo que apenas he esbozado, ya sería razón suficiente para este reconocimiento; sin embargo, como lo hizo nuestro escritor distinguido Juan Rulfo (1917-1986), cargando una cámara fotográfica ha dado cuenta también, mediante fotografía en blanco y negro, parte de nuestra vida y la de otras regiones del orbe.

En el año de 1993 dedicó un documental al mismo Rulfo, titulado Espacios de Juan Rulfo.

Su obra fotográfica, de la cual existe obra publicada: Memoria del 68 (UAEM 2003) y Praga (UAEM 2004) deja testimonio y da fe de que como fotógrafo es importante.

Su generosidad ilimitada permitió al Canal de YouTube La comuna de la Palabra, realizar más de cinco programas dedicados al cine y a su obra inconmensurable e importante.

Vaya como un Homenaje al Camarada Óscar Menéndez Zavala esta colaboración.