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Algunos de los que hundieron al PRD, entre ellos, de izquierda a derecha: Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Graco Ramírez, Alejandra Barrales, Miguel Mancera, Silvano Aureoles, Héctor Bautista, entre otros - Foto: Especial

Tiempos Modernos: El partido de la esperanza

El PRD fue fundado en 1989 como la esperanza de los más pobres, de los marginados; sin embargo, una camarilla de saqueadores y traidores lo terminó convirtiendo en un despojo que acabó sin registro

POR: Jaime Luis Brito, Visitas: 163

Publicado: 15/06/21 01:02

 

El PRD nació en mayo de 1989 producto del proceso de unidad de las fuerzas de izquierda partidista que acuerpó a Cuauhtémoc Cárdenas en la elección de 1988 en el Frente Democrático Nacional. El nombre del nuevo partido mandaba el mensaje claro, si la Revolución mexicana se había “institucionalizado” con Miguel Alemán, habría que hacer una nueva revolución pacífica que consiguiera lo que demandaron los movimientos sociales desde los años 50-60, espacios democráticos que hicieran del país algo mejor, combatiendo la pobreza y el autoritarismo.

En el PRD se agruparon entonces los grupos y mentes más progresistas del país. Organizaciones políticas, sindicatos, intelectuales, artistas, vieron en el llamado Sol Azteca la esperanza de cambiar al país. Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en ícono y mensajero. Fue candidato a la presidencia de la república dos veces más, y finalmente se hizo con la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, en la primera ocasión que los capitalinos asumieron su rol de ciudadanos, en 1997. Luego, vino el relevo generacional. Andrés Manuel López Obrador ocupó el centro de la vida del PRD, siendo candidato dos veces por ese mismo partido a la presidencia.

En el PRD militaron muchos buenos amigos y amigas. Su creación fue fundamental para el cambio del país. Sin el PRD, la democratización del país no hubiera sido posible y la llegada de López Obrador al gobierno tampoco. Miles de personas que militaron en esa fuerza fueron asesinadas por luchar por la democracia. En Morelos, por ejemplo, fue fundado por hombres y mujeres con una trayectoria importante en la lucha por la transformación. Mención aparte merecen Ignacio Suárez Huape e Inés Montaño, una pareja intachable que nunca perdió la brújula.

Sin embargo, una camarilla de traidores saqueadores se apropió del PRD. Encabezada por Jesús Zambrano, Jesús Ortega, Graco Ramírez y otros más, se hicieron con la dirigencia y a partir de ahí, el partido abandonó el acompañamiento a las causas sociales y decidió que lo importante era ganar elecciones a como diera lugar. Se perdieron los principios, se abandonó a la gente que lo había convertido en su única esperanza, se traicionó a los fundadores y a los muertos y muertas, dio un vuelco y ahí comenzó a cavar su tumba. El Sol Azteca se convirtió entonces en un cuerpo hueco que ganó elecciones por convertirse en todo aquello que combatió desde su nacimiento.

Hoy, esa camarilla está dividida. Vive de “los negocios” que hizo mientras tuvo poder, mientras sus votos en los congresos federal y estatales tuvieron algún valor monetario, en tanto pudieron otorgar permisos y licencias desde las gubernaturas que tuvieron. Y también de “las asesorías” que siguen dando a sus compinches, aquellos que se lanzaron a tiempo del barco a otros partidos políticos, particularmente a Morena. Sí, porque muchos de estos saqueadores han sobrevivido y se encuentran enquistados en Morena, acompañando la llamada 4T, y haciendo lo que mejor saben hacer: enriquecerse a costa del presupuesto, con las mismas corruptelas y saqueos que hicieron desde el principio.

El PRD ha perdido el registro debido a las traiciones que protagonizó. Pero quienes lo convirtieron en un despojo, continúan con vida política, muchos todavía con poder. Como lo escribí ayer, hoy sin registro ha sido colocado en el bote de la basura por los electores, pero no podemos olvidar que alguna vez fue el partido de la esperanza. Ojalá no ocurra lo mismo con Morena, aunque realmente lo dudo, todos los días da muestras inconmensurables de que sigue el mismo patrón. Y los electores lo saben.

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