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El camino de la vida: Metáforas en Psicología y Neuropsicología

De la serie metáforas en distintos campos de la vida humana, el autor presenta ahora las que se relacionan con los campos de lo mental, lo que califica como actividades de su vida intelectual y teórico-práctica

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 173

Publicado: 07/09/21 12:55

 

La prótesis más antigua del recuerdo es la escritura

Draaisma Douwe

 

Estimados lectores que han seguido la serie sobre el uso de las metáforas en diversos campos de la actividad humana, en masiosare.org; esta ocasión me propongo cerrar este objeto de mis reflexiones tratando de sintetizar las ideas y proyectarlas hacia los dos campos de interés personal que definen mi actividad intelectual y teórico-práctica.

Comenzaré con una definición que, por cierto, no precisé antes y que ahora resulta pertinente.

¿Qué son las metáforas?  SI acudimos a la lectura de La Poética, de Aristóteles el estagirita, encontraremos que: «La traslación de un nombre ajeno, o desde el género a la especie, o desde la especie al género, o desde una especie a otra especie, o según la analogía» es una forma de metaforizar.

Ibn Hazm de Córdoba, por su lado, en su libro el Collar de la Paloma, escribe poéticamente y ejemplifica didácticamente: «Pastor soy de estrellas... / Apaciento las estrellas, como si me hubieran investido / pastor de los astros todos, los fijos y lo errantes, / diría que ellas y la noche fueran fuegos de la pasión / que atizara la negra tiniebla de mi pensamiento / o yo me hubiese vuelto guardés de un verde / jardín de plantas ribeteadas de narcisos. / De vivir Ptolomeo creyera que soy el más / poderoso espiador del curso de los astros». (Ibn Hazm Al-Andalusí, El collar de la Paloma, Hiperión, Madrid, 2009. Traducción de Jaime Sánchez Ratia. P. 51).

El mismo Ibn Hazm Al-Andalusí agregará al poema una breve explicación: «Me ha entrado en este poema una comparación de dos cosas con otras dos, y ello en un solo verso, el verso que comienza por ¨diríase que ellas y la noche…¨ y se trata de algo admirable en poesía. Pero tengo versos más logrados que éste, como una triple comparación en un solo verso y aún un símil de cuatro cosas: …».

«Enfebrecido de deseo, suficiente, no duerme, permanece desvelado, / ni ebrio del vino de las culpas cesa en su pendencia. / Y en un instante te deja ver cosas asombrosas: / ora amargo, ora dulce, ya cercano, ya distante / como si la pasión, el reproche, el desamor y las paces / fueran conjunción y divergencia, buena y mala estrella». (Ibn Hazm Al-Andalusí, El collar de la Paloma. P. 51).

Como podemos apreciar, la función de la metáfora se muestra aquí clara, nítida y transparente.

Por su parte, según refiere Draaisma Douwe (Metáforas de la Memoria, Alianza, Madrid, 1995), en el año de 1936, I.A. Richards introdujo en su texto Philosophy of rhetoric, la siguiente definición: «… Una metáfora es el enunciado de una relación entre dos términos. Uno de ellos, el tema (topic term), el término sobre el cual la metáfora afirma algo. El otro es el vehículo (veicle term), el término que traslada el significado procedente de otro contexto, es decir, el ¨nombre ajeno¨ de Aristóteles».

Hemos apenas abordado el asunto de la metáfora bajo dos niveles de análisis, el filosófico y el poético, sin embargo, el propósito de esta colaboración consiste en avanzar una explicación psicológica, para desde allí ejemplificar las maneras de metaforizar en las disciplinas psicológica y neuropsicológica.

Aquí es necesario señalar que desde el decenio de 1970-1980 la investigación psicológica sobre las metáforas ha mostrado un creciente interés y desarrollo. Particularmente se ha hecho evidente en la psicología de la memoria, del pensamiento, del lenguaje, del aprendizaje y del desarrollo.

Citado también por Draaisma Douwe, G.E. Beck expresa que «La esencia de la metáfora es, a su entender, el uso de una imagen concreta para poder comprender o formular relaciones abstractas». Según el mismo Beck es necesario establecer una diferencia entre dos niveles de pensamiento; uno de ellos es sensoperceptivo y, el otro, es el del pensamiento verbal y semántico; pues bien, siguiendo con su análisis, Beck expresa: «La metáfora es un intermediario entre estas dos formas de pensamiento, no pertenece a ninguna de éstas; media entre las formas de pensamiento analógico y semántico. La metáfora es un go-between, un mediador».

Desde luego que dentro del marco de lo que se conoce como Psicología Cognoscitiva o Cognitiva es donde hallamos este género de estudios, investigaciones y expresiones.

L.S. Vigotski lo expresa muy claro al intitular un artículo suyo como Herramienta y Símbolo en el Niño, publicado en el libro El desarrollo de los procesos psicológicos superiores, (Vigotski, L.S. Herramienta y Símbolo en el Niño. En: El desarrollo de los Procesos Psicológicos Superiores. Grijalbo, Crítica, Barcelona, 1978.

Tanto L.S. Vigotski como A.R. Luria abordan clara y explícitamente esta cuestión en un artículo intitulado Tool and symbol in child development, ¡Vaya coincidencia del título! (Este manuscrito fue elaborado para publicarse en: The Handbook of Child Psychology, Murchison, ed. Sin embargo, tal libro nunca fue publicado. La versión de este artículo apareció en las Obras Completas de L.S. Vigotsky, T. 6).

Ahora bien, considerando que no es el propósito de este texto tratar los aspectos psicológicos o neuropsicológicos de las metáforas pasaré a tratar lo prometido.

Las metáforas y sus usos. Desde las llamadas Ciencias Naturales se aprecia una vieja tradición al respecto; por ejemplo hacia el año de 1866, tres años antes de que D.I. Mendeléiev presentara su Tabla Periódica de los Elementos, Newlands —un químico inglés— presentó una clasificación de los elementos por analogía con el teclado del piano. Ejemplos los habrá demasiados, sin embargo, en filosofía de la ciencia se ha hablado de una heurística teórica cuando una metáfora introduce nociones teóricas nuevas, que dan coherencia a los procesos de elaboración de hipótesis o permite dejar de considerar los datos que parecen contradictorios con los resultados obtenidos en la investigación. Por su lado, la heurística empírica refiere el hecho de que el uso de una metáfora pueda favorecer nuevas preguntas para la investigación.

Por ejemplo, la metáfora “El corazón es una bomba”, de W. Harvey, favoreció las condiciones para promover la idea que permitió elaborar el concepto de “circulación de la sangre”; ambas ideas llevaron hacia la desconsideración de una tercera metáfora que les precedió, a saber, “la circulación de la sangre se parece a los movimientos marítimos de las mareas altas y bajas”.

Las metáforas en neuropsicología. Según expresa y sugiere H.W. Magoun, en su libro El Cerebro Despierto, (La Prensa Médica Mexicana, 1968), capítulo I. Introducción histórica, propone una organización de la comprensión y explicación del cerebro con base en las metáforas que eran probables en función del desarrollo que las sociedades donde emergieron dichos “Modelos explicativos”, permitían.

Y así lo expresa H.W. Magoun: “Sucesivamente, cada período trató de representar a los fenómenos vitales en un modelo físico adecuado, y en particular el cerebro ha sido comparado con el modelo más complejo de tal época. La síntesis galénica de la neurobiología clásica utilizó naturalmente los modelos basados en reservorios, acueductos, fuentes, baños y drenajes del periodo greco-romano, algunos de los cuales todavía se conservan para representar la función nerviosa en términos hidráulicos. Los ventrículos cerebrales con tres cámaras fueron reconocidos desde los tiempos alejandrinos y Galeno señaló que el cerebro presenta una división transversal parcial, el tentorium, el cual separa una parte sensitiva blanda por delante, de una parte motora dura por detrás”.

Magoun sugiere que, desde este periodo hasta el siglo XX han aparecido secuencialmente los siguientes “Modelos del Cerebro”:

  • El Modelo Hidráulico
  • El Modelo Dióptrico
  • El Modelo Frenológico
  • El Modelo Geológico
  • El Modelo Embriológico, y
  • El Modelo Tecnológico

 

Cada uno de estos “Modelos”, se corresponde con una época histórica y se apoya en los conocimientos y desarrollo tecnológico de la misma.

No es necesario explicar o describir cada uno de estos, sin embargo mostraré algunas de las metáforas más recientes en este ámbito.

Ezras Asratian y Pavel Simonov en su libro Fiabilité de Cerveau. (Éditions de Moscou, S/F. Traducción al castellano, Ezras Asratian. La Función del Cerebro. Grijalbo, Dina, México, 1968) inician así “Día y noche, las poderosas turbinas de una planta eléctrica gigantesca producen energía eléctrica. Por medio de las líneas de transmisión, esta energía se distribuye a los consumidores: fábricas, ferrocarriles, poblaciones. La transmisión directa de esa energía se efectúa en subestaciones, cuyo equipo principal se compone de transformadores, que alcanzan a veces la altura de una casa de uno o dos pisos. Sin embargo, pueden ocurrir incidentes, desarreglos imprevistos. Por ello, el automatismo de la subestación —una protección por medio de relevadores— asegura el funcionamiento ininterrumpido del sistema. Decenas de celdillas sensibles registran sin cesar la temperatura de los instrumentos, la presión del aire y del aceite, la tensión, la resistencia, la potencia y la energía de la corriente. Estas señales llegan hasta unos aparatos regulados según un programa especial; la menor desviación provoca una reacción automática, una parte de los consumidores se queda sin electricidad, la reserva se conecta, las líneas de transmisión se desconectan y comienzan a funcionar las señales sonoras y luminosas de advertencia.

(…) La mitad del siglo XX ha quedado marcada por la creación de las rápidas computadoras electrónicas. Las nuevas técnicas abrieron perspectivas verdaderamente fantásticas en el campo de la regulación automática. La rapidez y la precisión de las reacciones de los nuevos dispositivos de autorregulación rebasaron la posibilidad del cerebro humano. Pero las técnicas tenían un inconveniente: una confiabilidad insuficiente.

(…) Este problema clave de la automatización y de la telemecánica moderna es resuelto brillantemente por la naturaleza viviente en el cerebro que, en el ser humano, es capaz de crear dispositivos automáticos cada vez más complejos (…)”.

Aquí queda claro que la metáfora podría ser descrita como el “Tablero de mando” del organismo, imagen utilizada para referirse a la función esencial del cerebro humano. Esta metáfora permitió comprender un fenómeno descrito por I.M. Sechenov en el año de 1862, este se describió como la “Inhibición interna” que, años más tarde, P.K. Anojin describiera y explicara en su libro La Inhibición Interna (Ediciones Nuestro Tiempo, Buenos Aires, 1963) y que le permitiera, a su vez, diseñar el “Modelo” del “Sistema Funcional Complejo”, explicar la “Aferentación de Retorno” y, a partir de aquí, A.R. Luria pudo construir la explicación de la “Afasia Motriz Aferente”. (Fundamentos de Neurolingüística, Masson, Barcelona, 1980).

Elongando un poco más esta metáfora y las consecuencias que derivaron en la Neuropsicología desarrollada por A.R. Luria, E. Goldberg (El cerebro ejecutivo, Drakontos, Madrid, 2001) retoma la otra metáfora derivada de los trabajos del propio Luria y otros más; si bien es cierto que el cerebro es el “Tablero de Mando” del organismo, éste requiere de un “Director ejecutivo” que asume el rol de “Líder”, quien se encarga de realizar las “Funciones ejecutivas”. Es decir, que el cerebro humano obedece a una organización sistémica y compleja donde la “división del trabajo” impone a los lóbulos frontales la tarea de realizar las funciones ejecutivas y de asumir el liderazgo del Sistema Nervioso Central.

Es aquí donde podemos asumir que se muestra muy transparentemente el papel de las metáforas en neuropsicología.

 

Las metáforas en psicología

 

La Psicología, como disciplina del conocimiento científico y como práctica profesional, como podemos suponer y admitir, no ha sido ajena al uso de las metáforas; mucho más cuando su objeto de estudio y los segmentos de lo real que se propone comprender y explicar carecen de la materialidad ansiada por los positivista y neopositivistas.

Como ya señalé, eventos tales como la consciencia, el pensamiento, la imaginación, la memoria, la psique o psiquismo, la mente, teoría de la mente, funciones ejecutivas, la representación, el procesamiento humano de la información, el aprendizaje, etcétera, parecen ser algo anfibológicos, escurridizos, difíciles de aprehender de manera clara y sin duda alguna.

Los fenómenos de carácter psicológico no poseen una estructura material o física como muchos otros de los objetos de interés entre los investigadores científicos. Pese a ser existentes, aún y cuando su forma de existencia sea subjetiva—por hallarse dentro de los sujetos de la actividad--, no se prestan de manera fácil al estudio, entendimiento, comprensión y explicación; de allí que los rodeos intelectuales, conceptuales y teóricos sean parte de los instrumentos metodológicos para favorecer la comprensión y explicación en psicología. Asimismo, pueden hallarse en los ámbitos de los colectivos y la sociedad como “representaciones sociales” y consciencia colectiva, que son interconstruidas bajo una idea de “exocerebro” porpuesta por Roger Bartra (Antropología del Cerebro, México, 2012).

Del mismo modo que se muestra durante la evolución histórica descrita en neurociencias por H.W. Magoun, en psicología se observa el impacto del desarrollo del conocimiento y la técnica de la época histórica correspondiente.

Ejemplos claros de ello podemos hallar en el mesmerismo y la “teoría del magnetismo animal” o en lo que se denominó “Procesamiento Humano de la Información”, dentro de los enfoques cognitivos en psicología.

Veamos a guisa de ejemplo los que nos sugiere Draiisma Dowe en su texto Las Metáforas de la Memoria.

Según este autor holandés, a lo largo de la historia, la pretendida explicación de la memoria ha cruzado por varios “Modelos metafóricos”; entre esto podemos referir:

  • La memoria como escritura. Ésta ha sido expresada, a su vez, por otras metáforas con las cuales se pretende facilitar la comprensión: a) Una tablilla de cera (Platón y Aristóteles), b) Un libro que guarda recuerdos, c) El almacén, d) Los palacios y la mnemotecnia, entre otras.
  • La memoria como biblioteca
  • La memoria y el laberinto.
  • La memoria y el espejo
  • La memoria y la fotografía y el cine.
  • La memoria y el arte (pintura, música, escultura, poesía)
  • La memoria y las computadoras
  • La memoria y los hologramas
  • La memoria y los telares y las redes
  • El homúculo.

 

Como se aprecia, la enorme cantida de metáforas, tan sólo en el asunto de la memoria, hace que tratemos de dejar aquí esta provocación para poder invitarles a seguir estudiando este asunto.

Hasta la próxima.