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El Camino de la vida: Lawfare

Una nueva forma de imponer los intereses de la hegemonía puede ser el llamado lawfare, un apocope inglés que significaría la guerra jurídica, utilizar los instrumentos jurídicos para atacar a enemigos políticos

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 178

Publicado: 18/11/21 06:02

 

La guerra no es otra cosa que un duelo en una escala más amplia. Si concibiéramos a un mismo tiempo los innumerables duelos aislados que la forman, podríamos representárnosla bajo la forma de dos luchadores, cada uno de los cuales trata de imponer al otro su voluntad por medio de la fuerza física; su propósito inmediato es derribar al adversario y privarlo de toda resistencia. La guerra es, en consecuencia, un acto de violencia para imponer nuestra voluntad al adversario.

Karl Von Clausewitz.

 

La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios. La que queda aún de peculiar a la guerra se refiere solamente al carácter peculiar de los medios que utiliza. El arte de la guerra en general y el jefe en cada caso particular, pueden exigir que las tendencias y los planes políticos no sean incompatibles con estos medios y esta no es insignificante, pero por más que reaccione poderosamente en casos particulares sobre los designios políticos, debe considerársela siempre solo como una modificación de los mismos: el propósito político es el objetivo, mientras que la guerra es el medio, y el medio no puede ser nunca considerado separadamente del objetivo.

Karl Von Clausewitz

 

Estimados lectores que siguen esta colaboración; he decidido iniciar este escrito con dos epigrafes devenidos del texto clásico de estrategia militar: De la guerra, escrito por el teórico y estratega prusiano Karl Von Clausewitz, y publicado por la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela, Fondo Editorial Hormiguero, Caracas, Venezuela, (s/f).

Si bien es cierto que miles de años antes Tzun Tzu hubo tratado esta cuestión y, posteriormente, Mao Tse Tung desarrolló un trabajo extenso al respecto —considerando además que no tengo como objeto de análisis la cuestión estrictamente militar de la guerra— he tomado la determinación de hacerlo así porque tardicionalmente se ha reconocido que la relación entre la guerra y la política podría ser comprendida bajo la  óptica que hizo se explícita con este tratado y este autor.

No me propongo entonces, como resultará entendible, realizar una análisis sobre la validez, en todos sus sentidos, de tales asertos; empero, para los fines de este escrito considero que es suficiente y me permitirá mostrar lo que me propongo compartir con ustedes.

Permítanme, en principio, contar a ustedes que soy un asiduo seguidor del sociólogo y politólogo argentino Atilio Borón; éste, muy recientemente compartió en una serie sucesiva de cuatro correos electrónicos una breve y sucinta exposición intitulada Introducción al Lawfare.

Ya desde su primera entrega expresó claramente:

El Lawfare tiene como complemento necesario un periodismo puesto al servicio de los intereses dominantes y completamente desinteresado de la búsqueda de la verdad (…y agregó …) No está para informar sino, como lo recuerda a menudo Noam Chomsky, para “desinformar” y manipular a la opinión pública.

Sin aspavientos y sin un gran esfuerzo analítico podemos darnos cuenta que Atilio Borón centra su objeto de interés en el papel de la prensa y de los medios de información, entre ellos las “redes sociales”, como instrumentos privilegiados del Lawfare; sin embargo, considero que imaginó y supuso que era obvio el conocimiento, por parte de sus lectores, de lo que este término significa o lo que se quiere representar con el uso del mismo.

Por ello, retomando los epigrafes que dan pie a esta colaboración, considero necesario precisar el sentido y el significado de dicho concepto.

Lawfare es una palabra de uso en inglés compuesta por dos partes, Law, que significa ley, y warfare que se traduce como ir a la guerra; ahora bien, al apocopar warfare y adicionarla a Law, puede ser neologísticamente comprendida como “guerra jurídica” o “guerra por medios jurídicos”. Importa destacar el hecho de que es de muy reciente uso en el análisis sociopolítico; apensas, muy probablemente, el inicio de este siglo XXI muestra su espacio de existencia.

Por otro lado, y tratando de acoplar otra suerte de definiciones, puede referirse como “el uso indebido de los recursos jurídicos para fines de persecución política”. En este sentido, la “Ley” es utilizada como “arma de guerra” en contra de adverarios políticos.

Conviene adicionar aquello que Atilio Borón hace explícito:

Una característica fundamental de la Lawfare consiste en la utilización de acusaciones frívolas, o sea, acusaciones sin pruebas, sin materialidad jurídica. Asociado a ello, el uso de la prensa y los medios de información propalan el asunto como si sus notas estuvieran fundada con pruebas irrefutables.

Como toda guerra y parafraseando a Von Clausewitz puedo expresar que “su propósito inmediato es derribar al adversario y privarlo de toda resistencia. La Lawfare es, en consecuencia, un acto de violencia para imponer la voluntad de quien diseña y opera tal guerra contra el adversario”.

Itero, “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios”.

Ejemplos que den muestra de ello en América Latina pueden ser evidentes si analizamos la situación jurídica y política de personajes tales como Luiz Inacio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa o el de Evo Morales; en Europa el caso de Carles Puidgemont y los perseguidos por el Procés Catalán y, sin duda, en nuestro país y estado de Morelos los hay.

Hasta aquí, de manera simple, puede entenderse que “Lawfare consiste en el uso indebido de los recursos jurídicos para fines de persecución política”; asimismo, que:

Una característica fundamental de la Lawfare consiste en la utilización de acusaciones triviales —léase falsas, dolosas e infundadas jurídicamente—, o sea, acusaciones sin pruebas, sin materialidad jurídica. Asociada a esto, el uso de la prensa y los medios de información—y ahora las ‘redes sociales’—propalan el asunto como si las notas que publican estuvieran fundadas con pruebas irrefutables.

Finalmente, que como toda guerra, y parafraseando a Von Clausewitz: “Su propósito inmediato es derribar al adversario y privarle de toda resistencia”. La Lawfare es, en consecuencia, un acto de violencia para imponer la voluntad de quien diseña y opera tal guerra contra el adversario.

Hasta aquí pudiérase pensar que nada falta por adicionar pues parece que la claridad y transparencia semiótica del término, no requiere de más precisiones; sin embargo ello no es así, veamos por qué.

Muy recientemente se publicó el libro Lawfare, Guerra judicial y neoliberalismo en América Latina con un prólogo de E. Raúl Zaffaroni, editado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), 2019. Dicho libro consta de 152 páginas y, en consecuencia, puede leerse rápidamente.

El prólogo de Raúl Zaffaroni comienza con una intrigante interrogante:

Nunca estuvo muy claro si en lo concerniente a la guerra y a la política debe darse la razón a Foucault o a Clausewitz: ¿Cuál es la continuación de la otra por otros medios? Pero ahora es mucho más difícil dar una respuesta, pues ambas se confunden: ¿Estamos en guerra o en política? ¿El lawfare es guerra o es política? ¿Qué responderían el francés y el prusiano frente a esto?

Como podemos apreciar, este inicio parece poner en tela de juicio lo que expuse párrafos antes.

¿El lawfare es guerra o es política?

Al realizar un vuelo sobre la naturaleza y carácter del concepto, yendo más allá de Atilio Borón, Zaffaroni sugiere que:

Ante todo, el hoy llamado lawfare, no está separado de otros fenómenos. Al sobrevolarlo girando en su entorno, nos damos cuenta de que forma parte de una constelación mayor. Si se trata de satanizar al enemigo y mostrar al opositor político como corrupto y al estamento dominante como puro y angelical, lo primero que nos salta a la vista es que se trata de algo que no es verdad, es decir, que es una vulgar mentira, o sea, una falsedad. Luego, el lawfare es una categoría especial del género falsedades.

Y nuestro autor rematará categórico:

Si vemos que estas falsedades se valen de la comunicación, se trata también de difusión de mentiras o falsedades, sólo que valiéndose de algunos funcionarios llamados jueces y con consecuencias inmediatas de prisionización (sic) y estigmatización de las personas contra las que se dirigen. Pero esas particularidades no afectan el carácter genérico de información falsa, lo que nos permite caer en la cuenta de que el lawfare y las ahora llamadas fake news, no son fenómenos del todo independientes, sino que, más bien, el primero es una categoría particular de las segundas.

Si tratásemos de hallar una palabra que pudiera referir lo que hemos venido analizando aquí, pudiésemos concordar con que la política, la guerra, la “judicialización” de la primera, y la mediatización de ambas a través de los medios de información, las “redes sociales” o las fake news, no caben simplemente en un neologismo.

Ciertamente, considero, que la primacía de la política sobre los otros componentes analíticos podría permitirnos definir el Lawfare como el proceso de “judicialización” de la política con el fin de colocar al adversario político en una posición de subordinación, sin capacidad de resistencia alguna.

Cabe aún más una precisión; el Lawfare se diseña e instrumenta desde las posiciones de poder —político, económico y jurídico— para doblegar a los adversarios políticos. Con este propósito político es posible sostener que tanto la guerra como el Lawfare, los mass media y las fake news, son herramientas que sirven, dependiendo de las circunstancias, para lograr los fines políticos.

Nuestra América Latina, México dentro de ésta, o nuestro estado de Morelos, o la UAEM misma pueden ser unos botones de muestra de un espacio en disputa. De esta manera, parece plausible definir de esta manera el término objeto de nuestra reflexión:

El lawfare (o guerra jurídica) puede ser definido como el uso de herramientas jurídicas, judiciales y mediáticas para la persecución política; la aplicación de la ley como un arma para destruir al adversario político por la vía judicial; el uso de diversos medios de información —prensa, radio, televisión, redes sociales, etc— para deslegitimar ética, política y moralmente a uno o varios adversarios políticos —sean personas, grupos o movimientos sociales— y doblegarlos políticamente, cuando no eliminarlos, estigmatizándolos.

En fin. El fin justifica los medios…

Siguiendo a Karl Marx pudiéramos decir que:

El derecho es el conjunto de disposiciones y leyes del Estado que de una manera definida regulan las relaciones entre los seres humanos (las relaciones de propiedad sobre los medios de producción, distribución e intercambio). El derecho es la voluntad de la clase dominante en una sociedad determinada, erigida en ley del Estado. (…)  vuestro derecho no es sino la voluntad de vuestra clase erigida en ley, voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales de existencia de vuestra clase.

Esta definición clásica del derecho burgués es el punto de partida para la comprensión de la naturaleza y contenido de todo derecho. Y, fundamentalmente del asunto que aquí hemos apenas esbozado.