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La detención de Francisco Javier “N”, presunto responsable del feminicidio de Claudia Tacoronte, representa un primer avance en la investigación, pero la exigencia de justicia permanece. - Foto: FGE

Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia

La captura del presunto feminicida de Claudia Tacoronte representa un primer paso. El caso deja pendientes la investigación, el proceso judicial y las preguntas sobre la seguridad que no estuvo cuando la joven fue asesinada.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 92

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Claudia Tacoronte Aguilera llegó a México hace apenas cuatro semanas. Tenía 21 años, estudiaba en Granada, venía de Islas Canarias y había encontrado en Morelos un territorio para aprender, investigar y vivir una experiencia académica que la entusiasmaba. El 12 de septiembre, esa vida fue arrebatada dentro de un recinto cultural en Cuautla. Ayer, la Fiscalía de Morelos ha dado el primer paso para hacer justicia: la detención del presunto feminicida, identificado como Francisco Javier Meléndez Alguera, alias Paco, de 37 años, originario de Cuautla.

La captura ocurrió con rapidez. La Fiscalía, junto con fuerzas federales y estatales, logró ubicarlo cuando —según fuentes cercanas al operativo— caminaba por el mercado nuevo de Cuautla, como si ignorara que todo el estado lo buscaba. Paco nació el 5 de mayo de 1989, y vive en la colonia Emiliano Zapata, a unas siete cuadras del lugar donde Claudia fue asesinada. No es un desconocido para las autoridades: estuvo preso dos veces en 2007, dos en 2010 y una más en 2023. Un historial que revela un patrón de violencia y reincidencia que nunca fue contenido. Y también es una muestra de la famosa puerta giratoria que existía en Morelos antes de 2024.

Un feminicidio confirmado por las heridas

La Fiscalía ha señalado que las heridas infligidas a Claudia configuran el delito de feminicidio. El móvil más reconocido hasta ahora es el robo, no la agresión sexual; no hay elementos que indiquen violencia sexual en el ataque. Pero la brutalidad de las lesiones, la vulnerabilidad de la víctima y el contexto del hecho permiten clasificarlo como feminicidio bajo los criterios legales vigentes.

Claudia fue atacada dentro de un recinto cultural que había solicitado seguridad al municipio de Cuautla. Los organizadores cuentan con documentos que prueban que pidieron apoyo días antes del evento. No lo obtuvieron. Cuando ocurrió el ataque, llamaron al 911. La Secretaría de Seguridad Pública asegura que la policía tardó siete minutos en llegar desde la alerta y que la ambulancia tardó 30 segundos más. Siete minutos pueden parecer pocos en un informe oficial.

Un agresor con pasado y una ciudad sin contención

El perfil de Paco no es el de un improvisado. Es el de un hombre con antecedentes penales, con reincidencia, con arraigo en esa misma colonia y con presuntos vínculos con dinámicas delictivas que operan en la región oriente. Su captura no solo revela la identidad del agresor; revela la fragilidad de un municipio donde un hombre con cinco ingresos a prisión puede seguir circulando, atacando y huyendo sin que el Estado lo contenga.

Cuautla vive una crisis de violencia que no empezó con este caso. Extorsión, ataques armados, disputas criminales, fallas institucionales, ausencia de autoridad municipal. Claudia no murió por estar en el lugar equivocado: murió porque Cuautla es un territorio donde la violencia ha operado con libertad y donde la protección estatal ha sido insuficiente.

La exigencia permanece

La detención de Paco es un avance. Es el primer paso. Pero no es justicia todavía. Falta la vinculación a proceso, falta el juicio, falta la sentencia, falta la reparación del daño, falta la verdad completa. Falta, sobre todo, que el Estado explique por qué un recinto cultural quedó sin seguridad, por qué un agresor reincidente seguía libre, por qué una joven extranjera que vino a aprender terminó siendo víctima de una violencia que Morelos no ha podido contener.

En el ICE, sus compañeros siguen dejando flores y escribiendo mensajes. “No pensamos que te diríamos adiós tan rápido”, dijo una estudiante. Y esa frase, tan simple, es también un reclamo: Claudia merecía vivir. Merecía aprender. Merecía volver a casa.

La detención de Francisco Javier Meléndez Alguera es un primer paso. La exigencia de justicia permanece.

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