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Doce años después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la captura del exgobernador de Guerrero abre un nuevo capítulo en el caso. Sin embargo, la justicia sigue incompleta mientras no se conozca el destino de los estudiantes ni se desmantele toda la estructura de responsabilidades. - Foto: Archivo

Tiempos Modernos: La verdad sigue sin aparecer en Ayotzinapa

La detención de Ángel Aguirre Rivero representa un hecho histórico en el caso Ayotzinapa, pero la verdad sobre la desaparición de los 43 normalistas continúa sin esclarecerse.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 70

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La detención de Ángel Aguirre Rivero llega doce años tarde. Es el Estado tocando la puerta del exgobernador de Guerrero cuando ya todos sabían —desde 2014— que Aguirre era parte de la estructura política que permitió la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Pero la captura ocurre en un país distinto: cuando los 43 desaparecieron, gobernaba el PRI; hoy gobierna Morena, y aunque no ha resuelto el caso, sí necesita mostrar que está dispuesto a tocar a quienes el viejo régimen protegió.

Aguirre cae en 2026 no porque la justicia haya despertado, sino porque el gobierno actual necesita golpes políticos contundentes en un expediente que se ha convertido en símbolo de impunidad estatal. Morena no ha encontrado a los 43, no ha reconstruido la verdad completa, no ha desmantelado la red económica y política que protegía a Guerreros Unidos. Pero sí puede detener a quienes el PRI mantuvo intocados. Y eso, en términos políticos, importa.

En 2014, el gobierno de Enrique Peña Nieto fabricó la “verdad histórica” a través de su procurador, Jesús Murillo Karam, hoy también detenido. La narrativa oficial fue construida con mentiras, tortura, manipulación de evidencia y presión institucional. Aguirre, como gobernador, fue parte de esa maquinaria: sabía temprano de la agresión, recibió reportes en tiempo real, no activó protocolos, protegió a Guerreros Unidos y permitió que su fiscalía ocultara evidencia. Todo eso está documentado por diversos medios de comunicación y organizaciones sociales y académicas.

La diferencia es que en 2014 el PRI encubrió. En 2026 Morena golpea. Pero golpear no es resolver.

La detención de Aguirre ocurre porque nuevas pruebas —testigos protegidos, comunicaciones internas, documentos desclasificados— ya no permitían sostener la mentira. La administración federal reactivó órdenes de aprehensión canceladas en 2022, abrió procesos contra militares y exfuncionarios estatales (algunos de los cuales luego se cayeron y no siguieron a fondo), y respondió a la presión internacional que exige tocar a autoridades de alto nivel. Aguirre era un eslabón que ya no se podía seguir protegiendo.

Pero aquí está el punto central: la verdad sigue sin aparecer. No se conoce el paradero de los 43. No se sabe con claridad qué pasó esa noche. No se ha desmantelado la red económica que financiaba a Guerreros Unidos. No se ha tocado a todos los responsables federales. No se ha roto la cadena completa.

Aguirre enfrenta cargos por desaparición forzada, obstrucción de la justicia, desvío de recursos y encubrimiento. Es el primer gobernador detenido por Ayotzinapa. Es un precedente histórico. Pero no es justicia plena. Es apenas un movimiento dentro de un tablero donde la verdad sigue oculta y la estructura criminal que operaba en Iguala y Cocula no ha sido desmantelada.

Los familiares de los 43 lo dijeron con claridad: es un paso necesario, pero tardío. Exigen que se procesen también a militares y altos mandos federales. Exigen que el caso deje de ser administrado políticamente y se convierta en lo que siempre debió ser: una investigación completa, sin límites, sin intocables.

Morena detiene a Aguirre y detuvo a Murillo Karam. Son golpes importantes. Son mensajes políticos. Son rupturas con el viejo régimen. Pero mientras los 43 sigan desaparecidos, mientras la red criminal siga intacta, mientras la verdad siga fragmentada, Ayotzinapa seguirá siendo lo que ha sido durante doce años: la herida abierta que ningún gobierno ha querido cerrar con verdad.

Aguirre cae. Pero la pregunta sigue ahí, intacta, brutal, urgente: ¿tendrá este gobierno el valor de seguir la cadena completa?

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