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Morena en Morelos entra a la antesala electoral sin rumbo claro: renuncias, aspiraciones y una dirigencia ausente marcan el escenario rumbo a 2027. - Foto: Especial

Tiempos Modernos: Morena, ¿y dónde está el piloto?

Mientras a nivel nacional Morena se reorganiza, en Morelos el partido carece de dirección, estrategia y liderazgo. Aunque ya comenzaron las renuncias rumbo a 2027, ninguna define el escenario político, mientras otros partidos avanzan en territorio.

Por: Masiosare, Visitas: 53

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A nivel nacional, Morena está en pleno reacomodo. El partido se disciplina para alinearse con las necesidades electorales del gobierno federal, como ha ocurrido siempre en México: el gobierno mueve, el partido obedece. No hay novedad ahí. Lo instituyó el PRI, lo copió el PAN y lo recuperó Morena. Pero en Morelos, el contraste es casi grotesco: no hay movimiento visible, no hay estrategia, no hay conducción. Las definiciones nacionales avanzan; las locales, no.

La gobernadora puso un plazo: quien quiera competir en 2027 debe renunciar ya, trece meses antes de la elección. Y sí, ya hubo renuncias… pero ninguna define realmente el tablero.

Renuncias que no mueven la aguja

Alejandra Flores dejó la dirección de los medios públicos. ¿Para qué? Nadie lo sabe con certeza. En el partido se dice que quiere Cuernavaca, aunque su apuesta real sería una diputación… la misma que ya perdió.

Una directora del sector educativo renunció, es esposa de un secretario de despacho, y aspira a la alcaldía de Puente de Ixtla. Movimiento menor, pero movimiento al fin.

El senador Víctor Mercado pidió licencia y anda construyendo estructura en territorio. Él sí está en modo campaña, aunque nadie lo diga en voz alta.

El domingo, la nueva dirigente nacional a lo mejor le puso un dique: “no habrá candidatos con señalamientos de corrupción”. El llamado Güero, se puso triste. Un millonario triste. Dicen que va adelante en las encuestas, aunque no en las del partido.

Pero más allá de estos movimientos individuales, el partido en Morelos es un cascarón. La dirigencia nominal no dirige. No articula. No construye estructura. No fortalece nada. Es una dirigencia de utilería. Y eso, en un estado donde la competencia será feroz, es un riesgo enorme.

Incluso, son otros personajes, quienes desde hace muchos años recorren colonias, caminos y comunidades, los que han ido construyendo identidad, base y estructura. Como siempre, la construcción abajo, porque en los escritorios, nada.

Mientras tanto, otros sí trabajan

Mientras Morena espera a que “alguien” decida, otros partidos ya están en la calle. Los panistas Daniel Martínez Terrazas y Andrea Gordillo llevan meses caminando, reuniendo, aceitando redes. No están esperando instrucciones. Están haciendo política.

En Morena, en cambio, todo parece suspendido en el aire. Como si la definición fuera a caer del cielo. Como si Cuernavaca —la joya electoral del estado— pudiera esperar. Pero no va a esperar.

¿Quién va a encabezar los esfuerzos de Morena en la capital? La respuesta, dicen, se sabrá en horas. Y cuando llegue, definirá el tono de la contienda.

El verdadero reto: 2027 y la maldición de la intermedia

Aquí está el punto que nadie quiere decir en voz alta: la gobernadora necesita una bancada que le sirva. Que le responda. Que no repita el desastre de la Legislatura actual.

Y la historia es brutal: Sergio Estrada estuvo a punto de ser echado del gobierno; lo salvó un ministro infame de la Corte. Marco Adame fue aplastado tras el fracaso de la estrategia de su hombre de confianza. Graco Ramírez recibió un golpe de realidad cuando su gente fue arrasada. Cuauhtémoc Blanco… bueno, ¿qué se podía esperar de alguien que con esfuerzo articula frases?

Desde el priato, ningún gobernador ha ganado la intermedia. Ninguno.

Margarita González Saravia enfrenta un reto histórico: no solo ganar la mayoría en el Congreso, sino que esa mayoría le responda a ella, a su proyecto, no a intereses mezquinos, personales, oportunistas… como los que hoy dominan la Legislatura.

Porque sí: los personajes que dijeron que no harían negocios… los están haciendo. Y ahí siguen los compromisos incumplidos. Aunque claro, memoria tenemos.

Conclusión: las aguas se mueven, pero bajo la superficie

Morelos está entrando en la antesala de 2027. Y mientras arriba el partido se disciplina, abajo sigue esperando a que alguien tome el volante.

Las aguas se mueven, sí. Pero no en la estructura. No en la dirigencia. No en la estrategia. Se mueven en los pasillos, en los teléfonos, en las renuncias silenciosas y en las conversaciones que empiezan con: “Oye, ¿y si…?”

 

En cuanto se sepa quién encabezará la capital, hablaremos de eso. Porque ese nombre —el que sea— va a definir no solo la contienda en Cuernavaca, sino el futuro del partido en el estado.

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