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Rubén Rocha Moya regresó al cargo de gobernador de Sinaloa y apenas 34 horas después volvió a pedir licencia, en medio de la presión política por las investigaciones y señalamientos relacionados con su administración. - Foto: Especial

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El intento de Rubén Rocha Moya por recuperar el fuero terminó en 34 horas y exhibió su aislamiento político frente a Morena y Palacio Nacional.

Por: Masiosare, Visitas: 86

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Rubén Rocha Moya quiso volver al cargo de gobernador de Sinaloa como quien regresa a una fortaleza. Su movimiento fue rápido, sorpresivo y calculado: volver, recuperar fuero, levantar la bandera de la soberanía y resistir las acusaciones de Estados Unidos. Pero la maniobra duró 34 horas. Apenas un día y unas horas.

Lo que pretendía ser un gesto de fuerza terminó siendo la demostración más clara de su soledad política. Nadie lo acompañó: ni su partido, ni los gobernadores, ni Palacio Nacional. La Presidenta, que adujo fuerte gripa para no salir el viernes a la Mañanera, al final se impuso.

El contexto que lo dejó solo

Rocha intentó rebelarse en el peor momento posible: el incremento de la temperatura del caso Mayo Zambada en México. Las acusaciones de Estados Unidos no solo apuntan a Rocha; atraviesan a mandos militares, estructuras estatales y redes criminales que operaron durante años en Sinaloa.

En paralelo, el caso del huachicol fiscal ha revelado que agencias de inteligencia norteamericanas siguieron al excontralmirante Fernando Farías Laguna, pieza clave en una red que operaba desde aduanas marítimas. Su captura en Argentina mostró que las agencias estadounidenses están trabajando sobre México con intensidad quirúrgica.

Y mientras todo esto ocurría, Estados Unidos retiró visas a personajes de alto perfil, incluido José Ramón López Beltrán, recordándole a la élite mexicana que la soberanía es un discurso, pero la movilidad es un privilegio.

Rocha eligió este momento para regresar. Eligió el peor momento.

La Presidenta y el poder de disciplinar

El regreso exprés de Rocha fue leído como una impertinencia institucional, un intento por desafiar la línea política del gobierno federal. Ha sido mucho lo que le han protegido, aunque seguramente lo obligaron a pedir licencia la primera vez para despresurizar la relación con Estados Unidos. Nada apunta a que este escenario ha cambiado. Su regreso lo rompía y ponía en riesgo.

Pero la respuesta fue inmediata:

  • Morena cerró filas.
  • Los gobernadores se alinearon.
  • Palacio Nacional marcó la ruta.
  • Rocha volvió a pedir licencia.

La Presidenta utilizó todos los recursos políticos a su alcance: presión interna, control de narrativa, disciplina partidista y la señal inequívoca de que nadie está por encima del proyecto.

No lo entregará a Estados Unidos —esa línea es clara—, pero tampoco lo protegerá. Rocha no será premiado. Y, como advierten algunos analistas, incluso podría ser sometido a proceso en México, al menos para calmar críticas internas y atender reclamos diplomáticos.

La Presidenta se impuso. Y lo hizo sin romper nada hacia afuera, pero dejando claro hacia adentro que puede someter incluso a los suyos.

Un intento de rebelión

El intento de Rocha Moya por usar el fuero como escudo y la bandera como cortina, falló. En lugar de mostrar a alguien con fuerza, terminó exhibiendo su aislamiento. Se lanzó sin estrategia, sin aliados. La 4T ganó la ronda.

Algunos señalaron que podría ser incluso un rompimiento entre Sheinbaum y López Obrador. Pero ahora se entiende que más bien hubo un intento desesperado por encontrar cobijo institucional. La respuesta fue apabullante y mostró la soledad en la que se encuentra el personaje.

La señal para los otros

¿Qué sigue? El gobierno ya reconoció que hay investigaciones. Ya disciplinó a Rocha. Ya mostró que puede aislar a uno de los suyos.

Otros actores están mirando. El destino de Rocha será referencia para quienes enfrentan acusaciones, investigaciones o presiones externas.

La Presidenta no entregará a Rocha a Estados Unidos. Pero tampoco lo protegerá. Y eso, en política, es una forma de sentencia.

La lectura final: poder y contradicción

El episodio exhibe una contradicción interna: la 4T se envuelve en la bandera hacia afuera, pero hacia adentro negocia, disciplina y corrige.

Rocha quiso rebelarse. La Presidenta lo obligó a retirarse. Y en ese gesto, proyectó la idea de que tiene el poder para someter a los otros, incluyendo a los suyos.

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