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La nueva entrega de Tiempos Modernos analiza el proceso de municipalización de Tetelcingo y las tensiones comunitarias que rodean la creación del futuro municipio indígena. - Foto: Especial

Tiempos Modernos: Tetelcingo podría repetir los errores de Xoxocotla

La municipalización de Tetelcingo avanza, pero las divisiones internas, las disputas por el poder y las acusaciones de opacidad anticipan un escenario similar al que marcó el nacimiento de Xoxocotla.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 79

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En Morelos estamos a punto de repetir un error que ya costó vidas, fracturas comunitarias y un municipio convertido en botín político y criminal. La municipalización indígena, esa bandera que Graco Ramírez levantó para ganar elecciones y cumplir promesas de campaña. Está aquí con los mismos riesgos, las mismas fracturas y la misma ausencia de prevención que hundió a Xoxocotla desde el primer día de su existencia como municipio.

La historia viene de lejos. Graco no fundó municipios indígenas por convicción, ni por respeto a la autodeterminación, ni por reivindicación histórica. Lo hizo porque necesitaba votos. Lo hizo porque prometió cargos, plazas y estructuras administrativas a quienes le ayudaron a ganar. Lo hizo porque convertir delegaciones en municipios era una forma rápida de crear nóminas, puestos y espacios de poder. Los pueblos le valían madre. Lo que le importaba era cumplir con quienes le exigían la municipalización como moneda de cambio.

El resultado fue Xoxocotla: un municipio convertido en botín. Un alcalde asesinado. Un secretario municipal asesinado. Enfrentamientos comunitarios. Grupos criminales colonizando el territorio. Y un ayuntamiento que, según confesó su primer consejo municipal, usaba los más de 100 millones de pesos anuales de presupuesto solo para pagar nómina: parientes, amigos, compadres, parejas sentimentales. Un municipio indígena convertido en bolsa de trabajo.

Hoy, Tetelcingo está en la misma ruta.

El conflicto central: quién manda en Tetelcingo

Tetelcingo vive una disputa que revela el verdadero riesgo de su municipalización: la fractura interna.

La comunidad sostiene que se rige por usos y costumbres y que la máxima autoridad es la Asamblea Mayoritaria. La delegada municipal, Liliana Chimal Ramos, desconoce a Humberto Beltrán Jiménez, nombrado presidente de la Junta de Mejoramiento en asamblea el 30 de julio. La delegada intenta imponer a otra persona.

La comunidad advierte que, si no se respeta la decisión de la asamblea, “podría generarse un conflicto social”.

El conflicto ya está aquí. Y el municipio aún no existe.

La municipalización: avance legal, riesgo político

Tetelcingo tiene resoluciones del Congreso y acuerdos del Tribunal Superior de Justicia. Legalmente, el camino está trazado para que el municipio indígena nazca el 1 de enero de 2028.

Pero el principal riesgo no es jurídico. Es político. Es comunitario. Es interno.

La gobernadora Margarita González Saravia lo dijo con claridad: las divisiones internas pueden paralizar el proceso.

Y esas divisiones ya están abiertas.

Acusaciones internas: recursos, opacidad y favoritismos

En la reunión con la gobernadora, Humberto Beltrán denunció:

  • Intento de destitución sin aval comunitario.
  • Irregularidades en apoyos sociales.
  • Falta de transparencia en recursos.
  • Beneficios dirigidos a un grupo afín a la delegación.

Tetelcingo no ha nacido como municipio y ya enfrenta:

  • disputa por recursos,
  • disputa por representación,
  • disputa por control político.

Es exactamente el mismo patrón que hundió a Xoxocotla.

La intervención estatal: mesa de diálogo para contener la fractura

El gobierno estatal instaló una mesa de diálogo para la reconciliación. La gobernadora planea visitar Tetelcingo. Reconoce que el conflicto gira en torno a:

  • la aplicación de recursos,
  • la representación legítima,
  • la disputa entre delegación y asamblea.

Pero la intervención llega tarde. Los grupos ya están formados. Las posiciones ya están radicalizadas. Los partidos políticos ya están enquistados en la comunidad.

El contexto histórico: despojo, marginación y usos y costumbres

Tetelcingo carga una historia de despojo, marginación y lucha por reconocimiento indígena. La defensa de usos y costumbres no es un capricho: es la base de su identidad.

Pero también carga otra historia: la de órganos comunitarios controlados por grupos misóginos que impedían la participación de mujeres para mantener el control de la delegación.

La municipalización no resolverá eso. Puede profundizarlo.

Lo que viene: el riesgo de repetir Xoxocotla

Tetelcingo ya muestra los síntomas:

  • grupos peleando por el poder antes de que exista el municipio,
  • delegación enfrentada con la asamblea,
  • acusaciones de opacidad,
  • partidos políticos metidos en la comunidad,
  • tensiones que pueden escalar a violencia.

Lo que viene, si no se previene, es un proceso similar al de Xoxocotla: un municipio indígena convertido en campo de batalla político, un ayuntamiento convertido en nómina, un territorio vulnerable a la colonización criminal, una comunidad fracturada.

Conclusión: fundar municipios sin prevención es condenar a los pueblos

Tetelcingo aspira a ser municipio desde el siglo XVI. Es una deuda histórica. Es una demanda legítima. Es una aspiración popular.

Pero fundar un municipio en estas condiciones —sin prevención, sin acuerdos internos, sin reglas claras, sin contención de grupos políticos y sin garantías de gobernabilidad— no beneficia a la población.

La condena. La expone. La deja en medio de conflictos y camarillas que terminan violentando la vida comunitaria.

Tetelcingo merece autonomía. Pero no merece repetir la tragedia de Xoxocotla.

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