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Deja de mirar el mundo a través de una pantalla - Foto: Incognitosis

Una extraña enemiga: La mirada ya es pantalla

¿Qué sacrificamos cuando elegimos mirar a través de las pantallas de nuestro celular?

Por: Adriana Figueroa Muñoz Ledo, Visitas: 28

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El reciente y trágico suceso de los niños Kevin y Jeremy, quienes se vieron envueltos en una pelea donde uno apuñaló al otro de gravedad, es un claro ejemplo de cómo, no solo la violencia es una marca de nuestro tiempo, sino también que las pantallas son un escudo entre las personas y la realidad. Y es que quienes fueron testigos del evento antes mencionado, prefirieron encuadrar la riña con sus celulares antes que intervenir para deterla. La verdad es que este no es un hecho aislado: en internet podemos encontrar cientos (o miles) de videos de agresiones reales donde, por supuesto, no siempre habría resultado seguro implicarse, pero hay otras tantas y tantas donde la participación activa del público habría podido evitar una tragedia, pero, se prefirió grabar.

 

Los psicólogos sociales Bibb Latané y John Darley concluyeron, con base en varios experimentos sociales realizados a finales de la década de los 60 del siglo pasado, que cuantos más testigos haya de una emergencia, menos será la probabilidad de que alguien intervenga; a este fenómeno lo llamaron el “Efecto espectador”. La explicación que se dio fue que mientras más personas estén presentes se diluye la responsabilidad, además que, por influencia social, la inacción de algunos contangia al resto. Si bien, con el paso de los años surgieron varios cuestionamientos sobre la metodología empleada por ambos académicos, lo cierto es que es un fenómeno que se corrobora en cientos de casos.

 

Cuando se desarrolló el concepto de “Efecto espectador”, escasas personas contaban con una videocámara, así que la inacción se traducía en solo ser expectador. Hoy día, a la inacción se suma la acción de registrar el evento para la posterirdad; de hecho, intervenir para interrumpir la emergencia, dejaría sin emergencia qué registrar. Los smarphones se han convertido en intermediarios entre las personas y sus realidades, transformando eventos dolorosos en “contenido” para publicar en redes sociales. Ese otro que requiere auxilio, deja de ser otro semejante y pasa a convertirse en objeto de consumo visual y potencialmente viral.

 

Esta desconexión entre lo que ocurre en nuestro entorno y nuestra capacidad de participar en ella, no se limita a los hechos de violencia. En los conciertos u otro tipo de eventos recreativos, por ejemplo, muchas veces miramos el espectáculo a través de la pantalla de nuestro celular; dedicamos tiempo y energía, no en vivir la experiencia en tiempo real, sino en conseguir el mejor ángulo, iluminación y acústica que nos permita almacenar el mejor recuerdo para vivirlo después cuántas veces queramos... aunque lo más probable es que muy pocas veces lo volvamos a ver. Reemplazamos nuestra vivencia directa por su representación digital.

 

​No se trata de satanizar el uso de las tecnologías, pero eventos como el de estos dos jovencitos amerita cuestionar nuestra agencia social. Cuando elegimos grabar una puñalada en lugar de gritar o separar, estamos priorizando el valor de cambio de un video sobre el valor de la vida humana. Por su parte, tratándose de otros eventos agradables, estamos renunciando a la experiencia en primera persona, para que sean las cualidades de nuestro dispositivo digital las que definan cómo será registrada nuestra experiencia. ¿Qué ganamos y qué perdemos con ello? Creo que vale la pena hacerse esas pregunta.

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