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El Grupo Iragorri, ligado durante décadas al sector automotriz en Morelos, enfrenta una disputa familiar y legal tras la muerte de Raúl Iragorri Montoya. - Foto: Pepe Montes

La caída del Grupo Iragorri en Morelos

Una disputa familiar tras la muerte de Raúl Iragorri Montoya terminó por modificar el futuro del grupo empresarial.

Por: Pepe Montes, Visitas: 91

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Durante décadas, el apellido Iragorri estuvo asociado al crecimiento empresarial de Morelos. Los cimientos de ese patrimonio fueron colocados por Raúl Iragorri Aranda, quien incursionó en el negocio de la distribución de tractores, camiones y vehículos Datsun-Nissan, y posteriormente continuados y ampliados por su hijo, Raúl Iragorri Montoya.

 

La historia comenzó con una de las primeras concesiones de Nissan en el estado y creció hasta convertirse en un grupo con presencia en distintos puntos de Morelos. Cuautla, El Polvorín, Jojutla y otras operaciones formaron parte de una expansión que convirtió al Grupo Iragorri en uno de los actores más relevantes del sector automotriz en la entidad.

 

En la década de los noventa, otros integrantes de la familia se sumaron al proyecto empresarial. Entre ellos estuvo María Dolores Gómez Acosta, quien durante más de cuatro décadas mantuvo una relación personal con Raúl Iragorri Montoya y, al mismo tiempo, desempeñó funciones dentro de la estructura empresarial.

 

EL PLAN PARA PRESERVAR EL PATRIMONIO

 

La muerte de Raúl Iragorri Montoya durante la pandemia de COVID-19 cambió el rumbo de la historia.

 

Hasta entonces, el empresario había buscado preparar la continuidad de sus negocios. Una de sus principales preocupaciones habría sido evitar que una disputa sucesoria pusiera en riesgo tanto el patrimonio familiar como las fuentes de empleo construidas durante décadas.

 

El esquema que, según el testimonio, había contemplado Iragorri Montoya era la creación de un fideicomiso con una duración de 20 años.

 

La intención era mantener durante ese periodo la operación de las empresas, garantizar beneficios económicos para María Dolores Gómez Acosta, los integrantes de la familia Deguer y el resto de los herederos, además de preservar los empleos de quienes dependían del grupo empresarial.

 

De acuerdo con esta versión, Iragorri Montoya también habría dispuesto que María Dolores Gómez Acosta permaneciera al frente de la operación del Grupo Iragorri, aprovechando la experiencia adquirida tras más de cuatro décadas dentro de la organización.

 

La apuesta, en esencia, era mantener vivo el negocio antes que dividirlo, permitiendo que las empresas siguieran generando valor para todas las partes involucradas antes de una eventual distribución definitiva del patrimonio.

 

LA MUERTE DE RAÚL IRAGORRI MONTOYA

 

La muerte del empresario durante la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 marcó el inicio de una etapa de incertidumbre para la familia y para las empresas.

 

La reconstrucción realizada a partir del testimonio consultado sostiene que, tras su fallecimiento, comenzaron las diferencias respecto al cumplimiento de la voluntad que había expresado en torno a la administración y preservación del grupo empresarial.

 

Las tensiones crecieron conforme avanzaron las discusiones sobre el futuro de las concesiones, las empresas y el patrimonio familiar.

 

LA FRACTURA FAMILIAR

 

Según esta versión, fueron José Deguer y André Deguer, nietos de Raúl Iragorri Montoya, quienes asumieron el control de la operación cotidiana de las empresas tras la muerte del empresario.

 

El conflicto escaló cuando María Dolores Gómez Acosta intentó reincorporarse a sus actividades dentro del grupo y, presuntamente, ya no se le permitió ingresar a las oficinas que había ocupado durante años.

 

Ese episodio marcó el inicio de una serie de disputas legales y corporativas entre ambas partes.

 

La confrontación dejó de ser un asunto estrictamente familiar y comenzó a tener repercusiones directas sobre la operación de las concesiones Nissan en Morelos.

 

Uno de los principales escenarios de la disputa fue la agencia Nissan de Cuautla. Hubo intentos de alcanzar acuerdos económicos entre las partes; sin embargo, las negociaciones no prosperaron y el diferendo terminó trasladándose a diversas instancias legales.

 

NISSAN TOMA DISTANCIA

 

De acuerdo con el relato, la armadora japonesa observó con preocupación el conflicto interno por el control de las empresas.

 

La incertidumbre generada por los litigios y las disputas entre los grupos involucrados habría provocado que Nissan reconsiderara la continuidad de las concesiones bajo la estructura que históricamente había encabezado la familia Iragorri.

 

Con el paso del tiempo, las concesiones dejaron de estar bajo el control del grupo familiar, poniendo fin a una relación empresarial que se había construido durante décadas.

 

Para la persona consultada, la pérdida de las concesiones representó el golpe definitivo para el imperio empresarial levantado por Raúl Iragorri Aranda y consolidado por Raúl Iragorri Montoya.

 

EL FIN DE UNA ERA Y LA LLEGADA DE UN NUEVO GRUPO

 

Mientras el conflicto familiar avanzaba, el panorama automotriz de Morelos comenzó a transformarse.

 

La salida de Nissan de la estructura empresarial encabezada por la familia Iragorri abrió la puerta a una nueva etapa para la marca en la entidad.

 

Ese proceso derivó en la llegada de Grupo Excelencia, corporativo originario de Puebla con amplia presencia en el sector automotriz nacional, que asumió la operación de Nissan en Morelos y se convirtió en el nuevo actor dominante dentro del mercado local.

 

De acuerdo con esta reconstrucción, una de las instalaciones que despertó mayor interés para el nuevo grupo fue la agencia de Cuautla, considerada una de las piezas más importantes dentro de la estructura empresarial que durante años operó la familia Iragorri.

 

UN LEGADO DIVIDIDO

 

Para quienes conocieron de cerca el proyecto empresarial de Raúl Iragorri Montoya, la dimensión de la caída resulta difícil de explicar.

 

El patrimonio que comenzó con Raúl Iragorri Aranda y que posteriormente su hijo Raúl Iragorri Montoya convirtió en un grupo empresarial consolidado terminó fragmentándose pocos años después de la muerte de su principal dirigente.

 

La disputa involucró empresas, concesiones, patrimonio familiar y trabajadores que durante años formaron parte de la estructura creada por los Iragorri.

 

La lectura de quienes estuvieron cerca del empresario es que el desenlace pudo haber sido distinto si se hubiera mantenido la separación entre la propiedad del patrimonio y la administración de los negocios, tal como —afirman— buscaba el fideicomiso diseñado por Iragorri Montoya.

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