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La polรญtica morelense vuelve a entrar en zona de tensiรณn: entre la calumnia mediรกtica y la exigencia ciudadana, el debate de fondo sigue siendo quiรฉn marca realmente la agenda pรบblica en Morelos. - Foto: Especial

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El intento de desgaste polรญtico contra la gobernadora de Morelos, a partir de publicaciones, plantea que mรกs allรก del ruido mediรกtico existen temas de fondo que no pueden quedar fuera de la agenda pรบblica.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 51

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La política estatal suele verse sacudida por ruidos que buscan alterar el rumbo de la administración pública. En días recientes, la gobernadora Margarita González Saravia ha sido el blanco de una calumnia tan burda como peligrosa: tres líneas anónimas, sin firma y sin una sola prueba, publicadas en una cadena de periódicos nacional, que de inmediato se convirtieron en una campaña artificialmente amplificada por la propia empresa que las difundió.
Tres líneas. Tres líneas que bastaron para intentar instalar una narrativa perversa en la opinión pública. Tres líneas que, al final del día, revelan mucho más sobre la descomposición de quien las publica que sobre la integridad de quien las padece.
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Lo que comenzó como un simple “comentario” de trascendido, cobijado en el anonimato, terminó convertido en una cruzada editorial con evidente dolo. En este ejercicio no hubo contraste, no hubo rigor periodístico, no hubo evidencia ni un ápice de responsabilidad profesional. Solo hubo una clara intención: golpear políticamente a la titular del Ejecutivo estatal en un momento de alta visibilidad y consolidación de su mandato.
La respuesta institucional ante este tipo de embates debería ser simple y apegada a la legalidad:
*Exigir el derecho de réplica en los mismos espacios.
*Documentar jurídicamente el daño moral.
*Y, de ser necesario, acudir a los tribunales correspondientes.
Sin embargo, también es verdad que el gobierno estatal se enfrenta al dilema de no querer subirse al ring con un grupo empresarial que vive de la confrontación y el chantaje mediático. A veces, engancharse y responder es caer exactamente en la trampa del provocador.
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Mientras el ruido mediático intenta distraer, las prioridades del estado siguen su curso. Un ejemplo de ello es la presentación en Tepoztlán del nuevo equipo aéreo para el combate de incendios forestales, una demanda crucial para la seguridad ambiental de nuestra entidad. Es ahí, en el territorio y en el desahogo de las agendas prioritarias, donde el gobierno debe dar sus verdaderas batallas.
Ahí podrá darse el encuentro con la prensa y aclararse lo que haya que aclarar, pero lo esencial radica en otra cosa: volver a la propuesta, al diálogo con los sectores y a la resolución de las crisis estructurales. Morelos arrastra pendientes urgentes que no pueden esperar:
*Seguridad pública y pacificación de las regiones.
*Ordenamiento del transporte tras las recientes inconformidades sociales.
*Garantía y abastecimiento de agua para las comunidades.
La gobernadora no puede permitir que un panfleto anónimo, por estridente que sea, le dicte la agenda o detenga la marcha de un estado entero.
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Quienes conocen la trayectoria de Margarita González Saravia lo saben bien: no es una política tradicional. No opera desde la estridencia, ni desde la simulación mediática, ni mucho menos desde la vieja lógica del intercambio y las componendas en lo oscurito. Su perfil es distinto y su legitimidad social proviene de una ruta de construcción muy diferente a la de la fauna política habitual.
Por eso la calumnia resulta tan absurda a ojos de los morelenses, pero por eso mismo se torna peligrosa: porque busca instalar la sospecha donde históricamente no hay materia para dudar. La política mexicana está plagada de personajes que cargan herencias oscuras y pasados indefendibles; Margarita González Saravia no pertenece a ese grupo, y quizá sea esa anomalía la que incomoda a quienes hoy pretenden ensuciarla.
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Frente al ataque artero, la administración estatal tiene dos caminos que no son excluyentes: responder jurídicamente como corresponde por la vía del derecho, y no distraerse ni un solo segundo de las demandas de la población.
La calumnia es un instrumento viejo como la política misma, pero igualmente vieja es la única receta eficaz para derrotarla: trabajo constante, presencia en las comunidades y resultados tangibles. Morelos no necesita un gobierno que gaste su energía defendiéndose todos los días en las páginas de los diarios; necesita un gobierno que gobierne con eficacia. En este terreno, el estilo de la gobernadora lleva ventaja, pues su apuesta no es el choque estéril, sino el avance programático.
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El mensaje más contundente que debe mandar el Poder Ejecutivo en las próximas semanas es el de la firmeza institucional: no permitir que la mentira o el interés de unos cuantos marque el ritmo y el ánimo de Morelos. La calumnia siempre será ruido pasajero; el trabajo y la honestidad son el fondo. Y hoy, más que nunca, Morelos necesita fondo.

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