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Mientras los usuarios absorben el golpe, los choferes mantienen las mismas condiciones laborales y el sistema de concesiones permanece intacto, sin mejoras visibles en el servicio. - Foto: Margarito Pérez Retana

Tiempos Modernos: Tarifazo y no pasa nada... ¿qué tanto es tantito?

El incremento de 10 a 13 pesos en el transporte público entró en vigor sin protestas ni movilizaciones.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 102

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Ayer entró en vigor el aumento al transporte público en Morelos: de 10 a 13 pesos. Y, como suele ocurrir en este estado, no pasó nada. La gente se levantó como todos los días, salió a trabajar, llevó a los niños a la escuela, hizo fila, esperó la ruta y pagó lo que ahora cuesta. Quizás la sonrisa por el triunfo de la Selección Mexicana se borró al subir a la chatarra esa, digo, a la ruta, pero la vida siguió.

No hubo protestas masivas, no hubo bloqueos, no hubo marchas. Solo un gesto silencioso y cotidiano: pagar más por lo mismo, o peor.

Y claro que el gobierno ha ofrecido gratuidad para las personas con discapacidad, pero la ruta no se va a detener para subir a estas personas, las va a ignorar. Y claro que ofreció una tarifa de 5 pesos a las personas adultas mayores, pero ocurrirá lo mismo, la persona que no pague 13 pesos, será obligada a bajar de la ruta. Y claro que ofreció un subsidio a estudiantes. Enhorabuena por los subsidios, pero los pagaremos todos, con nuestros impuestos, para fortuna de los concesionarios.

Los choferes: los que pagan sin ser usuarios

Los choferes siguieron en el mismo ánimo de siempre. Y seguirán enfrentando lo mismo: jornadas extenuantes, estrés, tráfico, inseguridad, reclamos, malas caras y, desde ayer, insultos por el incremento. Porque al final ellos no son los beneficiarios del aumento.

Ellos seguirán ganando lo mismo o menos. Los que sí ganan son los concesionarios, los líderes, los dueños de las unidades. El modelo concesionario —ese que nunca se revisa, nunca se moderniza, nunca se regula a fondo— sigue intacto. Y los operadores continúan siendo la cara visible de un sistema que no les pertenece.

Este gobierno hizo un intento. Se aprobó una nueva ley, hay un propuesta para que se aplique un nuevo modelo, para transformar a los transportistas en empresas que paguen impuestos, que consigan seguros para sus unidades, que den prestaciones y seguridad social a sus choferes, que los dignifiquen para así dar un mejor servicio. Pero no, ese modelo concesionario continuará intacto, no se pudo. Parece que nadie puede.

El transporte: la misma basura de siempre

El transporte público en Morelos no mejoró ayer. No mejorará mañana. No mejorará con este aumento. Tal vez no sea el peor del país, pero deja mucho qué desear: unidades viejas, rutas desordenadas, choferes sin derechos laborales, usuarios sin garantías mínimas de seguridad mecánica.

La gente se sube todos los días con el Jesús en la boca, como dice tu madre, sin saber si el camión frenará bien, si la suspensión resistirá el siguiente bache o si el conductor podrá lidiar con el tráfico sin perder la paciencia.

El aumento no moderniza. El aumento no dignifica. El aumento solo incrementa el costo de sobrevivir.

La molestia que se diluye… pero no desaparece

La molestia pasará. Siempre pasa. Pero queda ahí, como un resentimiento silencioso que se acumula con los años. Y este es un buen momento para que pase: los estudiantes están desmovilizados, la FEUM sigue siendo el mismo membrete de siempre, útil para apantallar a políticos que no conocen la dinámica real de la UAEM, pero incapaz de movilizar a nadie.

La gente se levantó y pagó lo que le impusieron. Y mañana hará lo mismo. Y pasado también. La vida cotidiana es más fuerte que la indignación.

Diez años, cien por ciento de aumento

En 2016, el infame gobierno de Graco Ramírez autorizó el incremento de 5 a 6.50 pesos. Diez años después, la tarifa mínima es de 13 pesos. El transporte en Morelos ha duplicado su costo.

Lo más triste es que muchas de las rutas que circulaban hace una década son las mismas que circulan hoy: más viejas, más desgastadas, más peligrosas. El pasaje sube; la calidad baja.

Es el retrato perfecto de un sistema que se mueve sin avanzar.

Rehenes y rendidos

La gente parece no tener herramientas para cambiar esto. No hay mecanismos de participación, no hay contrapesos ciudadanos, no hay sindicatos fuertes, no hay organizaciones de usuarios, la voluntad del gobierno no basta, no alcanza. El transporte público en Morelos funciona como un feudo: los concesionarios mandan, la autoridad se somete, los choferes obedecen, los usuarios pagan.

Rehenes somos. Rendidos estamos.

Y la apuesta institucional —como siempre— es a la desmemoria. Total, qué tanto es tantito.

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