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El fervor mexicano. - Foto: IA

Tiempos Modernos: El jugoso negocio de perder…

El futbol profesional ha evolucionado hacia un modelo en el que las derrotas no necesariamente representan pérdidas para todos los involucrados.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 65

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En un país tan futbolero como el que me tocó vivir, donde la niñez se jugaba entre porterías improvisadas con mochilas o piedras, el futbol era un lenguaje común. Hoy, afortunadamente, las nuevas generaciones parecen mirar ese fanatismo con más distancia. Y qué bueno: esa “pasión” que tanto se celebra fue, demasiadas veces, la antesala de la violencia irracional que tanto nos gusta disfrazar de identidad.
 
Pero hay una pregunta que siempre regresa: ¿por qué México, siendo un país tan futbolero, nunca ha triunfado en torneos internacionales, particularmente en el Mundial?
La respuesta que más escuece no es deportiva, ni técnica, ni emocional. Es económica. Y no porque falte dinero. Al contrario: hay demasiado.
 
El mito del destino nacional
A muchos les duele escuchar esto porque crecieron con el cuento del nacionalismo futbolero: la idea de que México “está llamado” a triunfar, que “merece” ganar, que “somos potencia”, que “solo falta creérnosla”. Ese discurso nació en el Alemanismo, se consolidó con el cine de la Época de Oro, luego se entronizó en el futbol a partir de 1986, y se convirtió en un dogma emocional que todavía hoy se repite como mantra.
Pero la realidad es más simple y más brutal: el futbol mexicano no está diseñado para ganar, sino para vender.
 
El verdadero negocio: perder
Si ganar el Mundial hiciera más ricos a los dueños del futbol, México lo ganaría cada cuatro años. No hay duda. Los empresarios que controlan el espectáculo tienen fortunas capaces de comprar plantillas enteras, entrenadores de élite, infraestructura de primera. Si quisieran competir al nivel de Francia, Alemania o Argentina, podrían hacerlo mañana mismo.
Pero no quieren. Porque no es rentable. El negocio no está en promover el deporte, no está en crear estrellas (eso se lo dejamos a los sudamericanos), no está en ganar. El negocio está en ilusionar.
 
El ciclo es perfecto: ilusión → más ilusión → consumo → más consumo → derrota → desilusión → furia → catarsis → esperanza → ilusión...
Ese ciclo, repetido cada cuatro años, es una máquina de dinero. Una máquina que funciona mejor cuando México pierde, porque la derrota alimenta la narrativa de “la próxima será la buena”, que a su vez alimenta el consumo, que a su vez alimenta las ganancias.
Ganar sería un problema: ¿cómo vendes esperanza después de haber cumplido la promesa?
 
¿Quién quiere realmente que gane México?
Aquí viene la parte incómoda: no todos quieren que México gane. Los aficionados sí. Los jugadores también. Pero los dueños del negocio… no tanto.
Porque, ¿qué es “México” para ellos? ¿El país de las buscadoras que excavan con sus propias manos? ¿El país de los salarios mínimos? ¿El país que paga impuestos mientras las grandes fortunas se esconden en paraísos fiscales?
No. Para ellos, “México” es un mercado. Un público cautivo. Un consumidor emocional. Y si para ganar más dinero usted tiene que sentirse frustrado, lo harán. Lo han hecho. Lo seguirán haciendo.
 
Pan, circo y la ilusión de que “ganamos todos”
Cada Mundial, los discursos mediáticos y políticos colocan en la cancha la misma mentira: si gana el equipo verde, ganamos todos. No es cierto. Nunca lo ha sido. Con su emoción ganan ellos. Los dueños de los derechos, de las televisoras, de los estadios, de las marcas, de los contratos. Ganan los que venden la ilusión, no los que la consumen.
Nosotros, mientras tanto, repetimos el ritual: catarsis → ilusión → consumo → derrota → furia → esperanza. Y vuelta a empezar.
 
Conclusión: ilusos
Así que no se hagan muchas ilusiones. Si hoy siente fervor nacionalista, no se lo tome demasiado en serio. Hay unos cuantos que se están enriqueciendo a costa de su emoción.
Ilusos que creemos que al meter gol, ganamos todos. Ilusos que pensamos que el futbol profesional sigue siendo ese juego de barrio donde todos éramos iguales. Ilusos que confundimos espectáculo con identidad.
El futbol que era de todos ya no existe. Y el Mundial, ese gran negocio global, no está hecho para que México gane. Está hecho para que otros ganen con México.

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