La gobernadora Margarita González Saravia encabezó la presentación de la estrategia “Morelos por la Seguridad”, acompañada por representantes de la Guardia Nacional, Ejército, Marina, Fiscalía, alcaldes, empresarios y rectores universitarios, en un acto donde el periodista Jaime Luis Brito analizó los alcances y desafíos del plan estatal. - Foto: Margarito Pérez Retana
Tiempos Modernos: Morelos por la seguridad, bien, pero…
La estrategia “Morelos por la Seguridad” fue presentada con respaldo federal, cifras y nueve objetivos operativos; sin embargo, el periodista Jaime Luis Brito advierte que el reto será convertir el discurso en resultados visibles en las calles
Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 47
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Lo que más me inquieta no es lo que se dijo, sino lo que no se terminó de responder. Ayer le pregunté a un presidente municipal qué pensaba de la estrategia. Su respuesta fue brutal en su honestidad: “Pues todavía no ha pasado.”
La estrategia existe en el papel. En la calle, todavía no. Ahora, es importante señalar que hay detalles que no podrán comunicarse, por estrategia de seguridad, pero creo que pensar sólo en las ferias, como la que se llevó ayer ahí, pues no será suficiente.
Los cuatro ejes: la arquitectura general
El gobierno presentó la estrategia alineada a la política nacional, bajo cuatro ejes:
Atención a las causas: trabajo comunitario, recuperación de espacios, prevención.
Fortalecimiento de la policía: mejor capacitación, equipamiento y condiciones.
Inteligencia y tecnología: uso de información, análisis y coordinación.
Coordinación absoluta: Federación, Estado, municipios y ciudadanía.
Todos los discursos de ayer redundaron en ellos. En el papel, nadie podría estar en contra. Son los ejes correctos, los que se han repetido en el discurso federal y que, en teoría, buscan ir más allá del patrullaje y el operativo espectacular.
El problema no está en los ejes. Está en la traducción de esos ejes a decisiones concretas: qué se hace, dónde, con quién y contra quién.
Los nueve objetivos operativos de la gobernadora
El discurso de Margarita González Saravia fue el más cargado de contenido. Ahí está el corazón de la estrategia. Y ahí también se ve con claridad el alcance… y los límites.
La gobernadora planteó nueve objetivos operativos:
Seguir reduciendo la incidencia delictiva con inteligencia y presencia policial, sobre todo en colonias con mayor índice delictivo.
Fortalecer permanentemente la prevención desde casas, escuelas y espacios públicos, con actividades de conciencia y valores.
Llevar Ferias por la Paz a los 36 municipios, en coordinación con Federación y ayuntamientos.
Impulsar un plan de seguridad universitaria, junto con consejos universitarios, para proteger a las y los jóvenes.
Fortalecer la denuncia ciudadana, apoyándose en una nueva Fiscalía que, dijo, está “totalmente comprometida con la justicia”.
Luchar contra la corrupción, como parte fundamental de la tarea de seguridad.
Combatir la violencia contra las mujeres, atendiendo una cifra brutal: 22 mil denuncias en un año, y reconociendo que la violencia familiar y de género es uno de los delitos que más duelen.
Mantener la presencia de Guardia Nacional, Ejército, Marina, policía estatal y municipal en todo el estado.
Fortalecer la confianza en las instituciones, con un plan de comunicación para informar avances y contrarrestar la desinformación en redes.
Es decir: hay un intento de abarcar del territorio a la familia, de la universidad a la denuncia, de la corrupción a la comunicación.
Y, sin embargo, algo falta.
Lo que sí dijeron: resultados y narrativa
La gobernadora no llegó con las manos vacías. Presumió datos:
Más de 5 mil efectivos desplegados en el territorio.
691 detenidos en mayo.
22 armas recuperadas.
91 vehículos asegurados.
Una reducción de más del 62.8% en la tasa diaria de homicidios comparando mayo de este año con mayo de 2024.
El mensaje es claro: “No estamos empezando hoy, ya estamos trabajando.”
La narrativa se refuerza con la presencia de la Guardia Nacional, el Ejército, la Marina, la Fiscalía, alcaldes, empresarios, rectores, estudiantes. Y con discursos que insisten en tres palabras: coordinación, cercanía, confianza.
Incluso la sociedad civil organizada, en voz del presidente de Cámara Nacional de Comercio en Cuernavaca, David López Jiménez, reconoció algo que pocas veces se admite desde fuera del gobierno: que la inseguridad también creció porque se abandonaron espacios, se perdió la cercanía y se dejó de trabajar como comunidad.
Hasta ahí, el cuadro es coherente. Pero incompleto.
Lo que no dijeron: el mapa del conflicto
La estrategia tiene ejes, objetivos y narrativa. Lo que no tiene —al menos no públicamente— es un mapa claro del conflicto.
No se dijo:
Qué municipios serán intervenidos primero.
Qué colonias son consideradas “zonas rojas” prioritarias.
Cómo se va a actuar en municipios donde las policías están capturadas o debilitadas.
Qué se hará con alcaldes y autoridades vinculadas a redes criminales.
Cómo se va a blindar el proceso electoral frente a la intervención del crimen organizado.
Qué indicadores concretos se usarán para medir el éxito o el fracaso de la estrategia.
En otras palabras: sabemos qué se quiere hacer, pero no dónde, ni con quién, ni contra quién. Claro, insisto en que tal vez esto no se dice por estrategia, pero para fines de la comunicación es importante saber al menos en general los polígonos donde se quiere intervenir.
Aquí también alguien podría decir "todos sabemos dónde está la inseguridad". Pero eso no es tan cierto. Es una respuesta simplista a un problema súper complejo. Si pensamos en que la inseguridad está en las zonas o colonias pobres, marginadas, de la periferia, más bien alimentamos el estigma, nublando así la posibilidad de entender claramente las causas y los lugares donde se genera.
Y en un estado donde ya vimos alcaldes detenidos, redes político‑criminales expuestas y cárteles amenazando al gobierno, ese vacío no es menor.
La violencia contra las mujeres: el séptimo objetivo que lo atraviesa todo
Hay un punto del discurso que no puede pasar de largo: la gobernadora habló de 22 mil denuncias en un año por violencia contra las mujeres.
Lo llamó “una cifra terrible”. Y lo vinculó con:
consumo de alcohol,
consumo de drogas,
pérdida de valores de convivencia familiar.
Aquí hay algo importante: la violencia contra las mujeres no aparece como un tema lateral, sino como uno de los delitos centrales que la estrategia quiere enfrentar.
El problema es que, de nuevo, falta el “cómo”:
¿Habrá unidades especializadas en cada municipio?
¿Se fortalecerán refugios, centros LIBRE, ministerios públicos?
¿Se crearán protocolos específicos con policías municipales y estatales?
¿Se vinculará este tema con la persecución de agresores reincidentes?
El séptimo objetivo es, quizá, el más urgente y el más profundo. Pero todavía está enunciado, no desplegado.
El riesgo del vacío
La estrategia Morelos por la Seguridad tiene algo que los gobiernos anteriores no tuvieron: un intento de articulación entre prevención, territorio, instituciones y ciudadanía.
Pero también corre un riesgo: quedarse en el nivel de la gran declaración, del evento bien armado, del video emotivo, sin aterrizar en el nivel donde se juega todo: la colonia, el municipio, la red criminal, el funcionario que colabora o mira hacia otro lado.
Cuando un presidente municipal te dice: “pues todavía no ha pasado”, lo que está diciendo es que la estrategia aún no se ha convertido en experiencia concreta.
Y en un estado donde el crimen ya probó que puede capturar municipios, amenazar gobiernos y condicionar elecciones, el tiempo para llenar ese vacío no es infinito.
Conclusión: entre el papel y la calle
“Morelos por la Seguridad” es, hoy, una arquitectura bien presentada:
cuatro ejes,
nueve objetivos,
respaldo federal,
narrativa de coordinación,
énfasis en causas, mujeres, jóvenes, universidades, denuncia, corrupción y comunicación.
Eso no es poca cosa. Pero tampoco es suficiente.
La verdadera prueba no estará en el presídium, ni en el video, ni en la foto oficial. Estará en si, dentro de unos meses, cuando le volvamos a preguntar a ese mismo presidente municipal qué piensa de la estrategia, ya no responde: “pues todavía no ha pasado”, sino algo mucho más simple y mucho más contundente:
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