Tiempos Modernos: María Luisa, encadenarse para liberarse
La protesta de María Luisa Villanueva revive uno de los casos más polémicos de Morelos: la Fiscalía reconoció que fue torturada para incriminarla, pero el TSJ mantiene firme la sentencia y se niega a reconocer oficialmente su inocencia.
Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 79
El caso de María Luisa Villanueva Márquez es uno de los expedientes más incómodos para la justicia de Morelos. Detenida en 1998 por la extinta Policía Judicial, pasó cuatro días incomunicada en una casa de seguridad donde —según su testimonio y dictámenes posteriores— fue torturada física y sexualmente para firmar una confesión por un secuestro que asegura nunca cometió. Esa confesión la llevó a una condena de 30 años y a pasar 25 años en prisión, convertida en un símbolo de cómo operaba el aparato de seguridad del sexenio de Jorge Carrillo Olea: fabricación de culpables, violencia institucional y un sistema judicial dispuesto a validar cualquier expediente.
La libertad que no libera
En febrero de 2023, tras un cuarto de siglo recluida, la Fiscalía y el Gobierno del Estado le otorgaron la libertad mediante la figura de remisión parcial de la pena. Para cualquier otra persona habría sido un alivio; para ella, fue una humillación. Aceptar ese beneficio implicaba reconocer implícitamente una culpabilidad que siempre negó. Se resistió a salir del penal y tuvo que ser sacada por la fuerza, en silla de ruedas, por custodios que cumplían una orden administrativa, no un acto de justicia.
Paradójicamente, ese mismo año la Fiscalía emitió un dictamen histórico reconociendo que Villanueva fue víctima de tortura y fabricación de pruebas. Pero mientras una institución admitía el daño, otra —el Tribunal Superior de Justicia— se negaba a corregir la sentencia. La libertad llegó, pero la inocencia no.
El muro del Poder Judicial
Desde 2023, los magistrados del TSJ han rechazado sistemáticamente los recursos para reconocer su inocencia. Alegan tecnicismos, tiempos procesales, formalismos que parecen diseñados para evitar el fondo del asunto: admitir que el Estado encarceló a una mujer inocente durante 25 años.
El problema no es jurídico, sino político e institucional. Reconocer la inocencia de María Luisa abriría un boquete en la historia judicial de Morelos. Implicaría aceptar que la tortura fue un método sistemático de investigación, que hubo complicidades internas y que las sentencias de aquella época podrían revisarse. El TSJ no quiere abrir esa puerta porque detrás hay décadas de expedientes construidos con violencia.
La protesta radical: encadenarse a Temis
Ayer, agotadas las vías institucionales, María Luisa tomó una decisión extrema: se encadenó a la estatua de Temis, la diosa de la justicia, frente al Tribunal Superior de Justicia en Cuernavaca, e inició una huelga de hambre por tiempo indefinido. No exige libertad —ya la tiene—, exige algo más profundo: que el Estado deje de llamarla criminal.
Su cuerpo amarrado a Temis es una imagen que sintetiza la tragedia: una mujer que busca justicia frente a un Poder Judicial que permanece inmóvil. Es un acto de resistencia, pero también un acto de memoria. Es la forma más cruda de decir que el sistema no escucha, no corrige, no repara.
La dignidad como última trinchera
La lucha de María Luisa no es por un beneficio legal, sino por su dignidad. Mientras no se reconozca su inocencia, sigue cargando el estatus jurídico de secuestradora. Eso le impide acceder a una disculpa pública, a indemnización, a atención médica especializada y a la reparación integral que la ley contempla para víctimas de tortura.
El Estado mexicano le arrebató 25 años de vida. Y ahora pretende que agradezca una libertad condicionada. Su huelga de hambre es la respuesta a esa contradicción: si el sistema no quiere reconocer la verdad, ella está dispuesta a poner su cuerpo como evidencia.
Conclusión: la verdad que incomoda al poder
El caso de María Luisa Villanueva no es un expediente aislado. Es un espejo que refleja el pasado oscuro del sistema judicial de Morelos y la resistencia actual a corregirlo. Su protesta desnuda un Poder Judicial que prefiere sostener una mentira antes que admitir un error.
La pregunta no es si ella resistirá. La pregunta es si el TSJ será capaz de enfrentar la verdad que ha evitado durante casi tres décadas. Porque mientras la justicia permanezca encadenada, la democracia también lo estará.
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