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Morelos enfrenta una transición económica marcada por la pérdida de inversión, el cierre de Nissan CIVAC y la apuesta por el nearshoring farmacéutico en medio de un contexto de inseguridad y desconfianza. - Foto: Archivo

Tiempos Modernos: Morelos, dos sexenios perdidos

Tres gobiernos, tres estrategias y un mismo resultado: una economía sin rumbo. La deuda, la inseguridad y la falta de continuidad mantienen a Morelos en reconstrucción, sin lograr convertirla en desarrollo.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 106

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Hay estados que avanzan, otros que retroceden y unos más —como Morelos— que parecen condenados a caminar en círculos. Catorce años después del experimento desarrollista de Graco Ramírez, del vacío institucional de Cuauhtémoc Blanco y del intento de contención de Margarita González Saravia, la economía estatal no ha podido salir de un laberinto donde cada salida conduce a otra pared.

Lo que muestran los números es brutal en su simpleza: Morelos no ha tenido un proyecto económico continuo desde 2012. Ha tenido impulsos, ocurrencias, parálisis y ahora un intento de reconstrucción que avanza con la lentitud de quien camina sobre ruinas.

Graco: el desarrollismo sin legitimidad

El sexenio de Graco Ramírez fue la apuesta por el “Morelos moderno” construido a punta de gasoductos, termoeléctricas y autopistas. El problema no fue la idea —el estado necesitaba infraestructura— sino la forma: imponer proyectos sin legitimidad social es la receta perfecta para el desastre.

El Proyecto Integral Morelos no solo fracturó comunidades; fracturó la confianza. Y cuando un gobierno pierde la confianza, pierde también la capacidad de atraer inversión. El endeudamiento de más de 6 mil 600 millones de pesos fue el epitafio de un modelo que quiso ser industrial pero terminó siendo financiero: deuda para pagar deuda, deuda para tapar errores, deuda para comprar tiempo.

Morelos salió del sexenio de Graco con infraestructura inconclusa, conflictos judicializados y una sociedad agraviada. Un estado que debía despegar quedó hipotecado.

Blanco: el vacío como política pública

Si Graco pecó de exceso, Cuauhtémoc Blanco pecó de ausencia. Su gobierno fue un sexenio sin brújula, sin estrategia económica, sin incentivos, sin diálogo con el empresariado y, lo más grave, sin control territorial.

La fotografía del exgobernador con líderes criminales no fue un escándalo: fue un diagnóstico. El mensaje para los inversionistas fue claro: Morelos no tiene Estado.

La consecuencia fue inmediata: extorsión sistemática, cobro de piso, cierre de PyMEs, fuga de capitales y un empresariado que aprendió a sobrevivir solo. La economía dejó de ser un ecosistema y se convirtió en una selva.

El golpe final llegó en marzo de 2026: Nissan se fue. No por capricho, no por estrategia global, sino porque Morelos dejó de ser viable. La planta de CIVAC —la primera de la automotriz fuera de Japón— murió por abandono institucional. Y aunque ocurrió ya en el sexenio siguiente, el cierre es una herencia del abandono de Cuauhtémoc Blanco.

González Saravia: contención de daños en un estado roto

La gobernadora Margarita González Saravia recibió un estado exhausto. Su estrategia no es de expansión, sino de contención: evitar que el barco siga hundiéndose mientras se reconstruyen los compartimentos internos. Consideramos que su estrategia tenía (y tiene) el objetivo de expandir la economía, pero en medio de la crisis heredada, será difícil ver resultados en estos años.

El nearshoring farmacéutico —con la inversión de 50 millones de dólares de Hetero Labs— es el primer oasis en un desierto largo. Pero es un oasis pequeño: 300 empleos especializados no sustituyen 3,000 empleos automotrices ni reactivan una cadena de proveeduría que tardó 60 años en construirse.

La apuesta biofarmacéutica es inteligente, pero insuficiente. Es un parche de alta tecnología sobre un tejido económico desgarrado.

Administración Estrategia Económica Principal Impacto en Finanzas y Confianza Resultado Operativo Crítico
Graco Ramírez (2012-2018) Macroproyectos (PIM, Autopistas) Deuda de más de $6,600$ mdp. Conflicto social con comunidades. Infraestructura inconclusa y judicializada.
Cuauhtémoc Blanco (2018-2024) Ninguna (Inacción y abandono) Cero incentivos. Pérdida de certidumbre ante el crimen organizado. Éxodo definitivo de Nissan CIVAC en marzo de 2026.
M. González Saravia (2024-Presente) Contención de daños y Nearshoring Captación de 50 mdd (Hetero Labs). Reclamos patronales por inseguridad. Transición inacabada del sector automotriz al farmacéutico.

El choque de narrativas: gobierno optimista vs. empresariado en alerta

A mitad de 2026, Morelos vive una contradicción permanente:

  • El gobierno habla de recuperación, inversión y confianza.
  • El empresariado habla de miedo, inseguridad y falta de condiciones reales.

Ambos tienen razón. Y ambos están atrapados en la misma paradoja: sin seguridad no hay inversión, y sin inversión no hay seguridad social posible.

Mientras los tramos carreteros sigan siendo territorios de riesgo, mientras los corredores industriales sigan pagando piso, mientras los municipios sigan endeudados y sin capacidad operativa, cualquier inversión será un oasis, no un ecosistema.

La promesa inaccesible de la legalidad

Morelos no necesita un milagro económico; necesita algo más básico: legalidad. No la legalidad de los discursos, sino la que se siente en la calle, en la noche, en la carretera, en la nómina, en la ventanilla, en la vida cotidiana.

La legalidad que permite que una empresa abra sin miedo, que un trabajador llegue a su turno sin ser extorsionado, que un municipio pague sus laudos y no viva en la bancarrota, que un estado deje de caminar en círculos.

Morelos está a medio camino. No en el camino del desarrollo, sino en el camino de su propia reconstrucción. Y ese camino no depende de macroproyectos, ni de nearshoring, ni de discursos: depende de que el Estado vuelva a ser Estado.

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